miércoles, 26 de agosto de 2015

Las desgracias del doctor Chilton

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"You may as well have struck the match — that’s participation" (Bedelia DuMaurier)
CUIDADO CON LOS SPOILERS

Durante la última semana he pensado mucho en Hannibal y me he dado cuenta de algo que hasta el momento había pasado por alto. No hace falta que diga que la serie de Fuller es violenta, gore incluso, y que visualmente recrea esa violencia, ese horror, de una manera poética, extravagante y barroca. La belleza de la muerte, lo artístico del asesinato, lo excesivo de la puesta en escena, son aspectos fundamentales para comprender y dejarse atrapar por el enfermizo duelo entre Will Graham y Hannibal Lecter. 

El penúltimo capítulo de la serie, con Hannibal ya entre rejas y el Gran Dragón Rojo en plena transformación, nos deja una de las escenas de tortura psicológica y física más impactantes de los últimos años, la del doctor Chilton (Raúl Esparza) a manos de Francis Dolarhyde (impresionante Richard Armitage), el asesino en serie que marca la recta final de Hannibal y que fue presentado en el octavo capítulo. Armitage no es el primer actor que se pone en la piel del Gran Dragón Rojo, en 1986, Tom Noonan interpretó al personaje en Manhunter y, en 2002, Ralph Fiennes recogió el testigo en Red Dragon. De las tres composiciones me quedo con la de Armitage. 

En el capítulo The Number of the Beast Is 666..., Chilton es secuestrado por Dolarhyde, torturado, mutilado – le arraca los labios a mordiscos- y, posteriormente, quemado vivo. En la novela Red Dragon esto le sucedía a Freddy Lounds, personaje irritante que parece inmune a las desgracias. Creo que Chilton no se merecía tanto sufrimiento, los guionistas le tienen especial inquina al personaje. Lo que no acabo de entender es a que vino este cambio con respecto a la novela, Lounds tenía tantas papeletas como Chilton para acabar destrozada por el Gran Dragón Rojo. Sin embargo, optaron por el psiquiatra quien, a estas alturas, ha padecido más tormentos que cualquier otro ser humano cercano a la órbita de Lecter. Durante la primera temporada el doctor y asesino, Abel Gideon (Eddie Izzard), le secuestra y le extirpa varios órganos no vitales. Chilton sobrevive a semejante barbaridad pero le quedan secuelas, en la segunda temporada le vemos andar con bastón. Más tarde es acusado de ser el destripador y del asesinato de Gideon. Tras ser detenido, recibe un disparo en el rostro en la sala de interrogatorios. Este disparo no es fatal pero le desfigura el rostro dejándolo ciego de un ojo y sin paladar en la zona izquierda de su boca. A esto le llamo yo mala suerte. 

Durante toda la serie se cometen múltiples asesinatos, algunos terribles pero me he dado cuenta de que Hannibal, rara vez mata a una mujer. Ya sea directa o indirectamente, sus víctimas suelen ser hombres, al menos eso es lo que vemos en la serie y parece que solo mata mujeres cuando es posible que le descubran o por necesidad. Por ejemplo: a Georgia Madchen (Ellen Muth), la joven que sufre el síndrome de Cotard, la quema viva porque podría revelar que él asesinó al doctor Sutcliffe (John Benjamin Hhickey). La agente Beverly Katz (Hettienne Park) acabó rebanada y expuesta como si fuese un proyecto de ciencias cuando descubrió que Lecter era el caníbal que buscaba el FBI. Sacrificó a Abigail Hobbs (Kacey Rohl) para hacer sufrir a Will. Y la señora Fell tenía que morir para que Bedelia y Hannibal pudiesen vivir con tranquilidad en Florencia.

Cierto que Hannibal mata a Marisa Schurr y a la joven que aparece sobre una cornamenta en el piloto, Aperitivo. También sabemos que en su versión de la Primavera de Botticelli había una mujer. Y es verdad que incitó a Dolarhyde a matar a la mujer de Will, pero ella escapó del asesino. Sin embargo, todas estas muertes suceden fuera de cámara y pocas veces hemos visto a Hannibal ejercer violencia física directa sobre una mujer. Es como si hubiese un muro de contención, Hannibal es un asesino y un caníbal; es elegante, exquisito y culto. Y solo mata mujeres si no le queda más remedio y nunca para comer. 

Esto me lleva al asunto Chilton vs Lounds, creo que la serie se censuró a sí misma no atreviéndose a mostrar una escena en la que se torturase a una mujer. El efecto no hubiese sido el mismo, eso sin duda. La apuesta de Fuller hasta ahora había sido valiente y arriesgada,  innovadora y transgresora, pero han optado por deformar el libro en el que se basa para no levantar más ampollas. Al menos eso es lo que parece. No es algo que me moleste pero si me llama la atención. No sé qué hubiese pasado si Lounds, en vez de Chilton, hubiese estado pegada a esa silla, aunque me lo puedo imaginar. 

Un aspecto que sí me molesta es que, desde su piloto, Hannibal se había distinguido por ser macabramente sugerente, hermosa y terrorífica a partes iguales. Desde el octavo capítulo de la tercera temporada ese aroma delicado de maldad y locura se ha perdido, Dolarhyde es un asesino más básico, más elemental, menos refinado. La tortura a la que somete a Chilton es pasto de serie B, de películas tipo Hostel. No hay en él ni en “su obra”, técnica, refinamiento, inteligencia. Es un anodino asesino en serie, uno de tantos, que simplemente atrae la atención de Hannibal porque se aburre en la cárcel y necesita seguir jugando. Me hubiese gustado un tratamiento diferente para la parte final de la serie, un acercamiento más onírico, más psicológico, menos común. 

A falta de un capítulo para despedirse definitivamente de los fans, Hannibal me ha decepcionado, es un traspiés que le perdono pero que me entristece porque la serie siempre ha estado al nivel de mis exigencias. Nunca antes me había defraudado. Ahora, sin embargo, esa cobardía y ese desliz en el fondo y la forma me han hecho ver que Hannibal nunca fue una serie perfecta. No obstante, sus imperfecciones la han hecho grande. Larga vida a Hannibal Lecter. 

lunes, 10 de agosto de 2015

Dana conoce a Fox

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Ayer decidí ver el piloto de The X Files y me propongo revisitar la serie, los 202 episodios más las películas, antes del regreso a Fox de la serie que se lo dio todo con permiso de The Simpsons. La miniserie se estrenará el próximo 24 de enero y la FOX, muy lista ella, ha lanzado la campaña 201 Days of The X Files, a la que una servidora llega tarde. Qué es eso de un episodio al día? Seguramente habrá días en los que visione más de dos y más de tres episodios, que me conozco y cuando me pongo en plan maratón televisivo soy una bestia parda. 

Volviendo al piloto de The X Files -que hacía por lo menos tres lustros que no veía- deciros que casi no lo recordaba pero que me ha producido muy buenas sensaciones. Ya sé que voy con la lección aprendida, que ya he visto el futuro de los personajes y todo lo que está por venir, pero siempre es interesante echar la vista atrás y revisitar los pilotos de nuestras series favoritas. 

El capítulo en cuestión, guionizado por Chris Carter y dirigido por Robert Mandel, no empieza con la conocida cabecera ni con la música de Mark Snow. En su lugar aparece un texto que avisa de que la historia “está basada en hechos reales”. El piloto introduce y perfila de forma clara y efectiva a los personajes. El escepticismo y el amor por la ciencia de Scully están ahí desde el primer momento. La pasión de Mulder por la búsqueda de la verdad y su humor y ligereza ante el peligro, también. A Dana Scully la conocemos en la oficina del Jefe de División Scott Bevlins, personaje que volveremos a ver pero cuya importancia palidece frente a lo trascendental que será, para la mitología de The X Files, el fumador silencioso que ronda los pasillos.

El primer encuentro entre Mulder y Scully es historia de la pequeña pantalla, uno de esos momentos fijos en el tiempo – que diría el buen Doctor – y donde ya se intuye la química entre los agentes. El encuentro tiene lugar en el despacho de Spooky Mulder; allí está el póster, la montaña de papeles, el flexo, las fotografías... todo. Ese espacio será testigo de grandes cosas, sólo hace falta tener paciencia. 

La trama se desarrolla en Oregón y la serie, que se rodó durante varias temporadas en Vancouver (Canadá), sabe sacar provecho a ese escenario con amplios y frondosos bosques, carreteras perdidas, pequeñas localidades y cielos plomizos. Ese entorno será una constante que acabará convertida en una de las señas de identidad de la serie. También tendremos el momento linternas, cualquier fan de la serie sabe a lo que me refiero con eso así que no voy a seguir con el tema. 

Lo más interesante es ver como sientan las bases de la relación entre Mulder y Scully. Se nota que intentaron darle un sesgo romántico al asunto y plantar la semilla de una atracción entre ambos. Eran otros tiempos, otra forma de entender y hacer televisión. Menos mal que luego aparcaron esa idea y se dedicaron a consolidar una relación profesional y personal entre iguales repleta de compañerismo, respeto y mutua admiración. La TSNR de The X Files fue una de sus mejores bazas durante muchos años. Con el paso de las temporadas la hicieron evolucionar hasta que llegó lo inevitable. Ojo, que para este regreso ya se ha anunciado que Mulder y Scully no son pareja. Veremos que nos tienen que ofrecer. 

Es curioso ver como Mulder no tiene ningún problema en contar su historia a Scully, en hablarle de su hermana, de su búsqueda, de los misterios y de que sabe que alguien intenta sabotearle. Sin embargo, lo único que sabemos de Scully, a nivel personal, es lo poco que le cuenta al jefe de División en su despacho. Mulder es pasional y excesivo, Scully centrada y comedida. 

El caso se resuelve pero deja muchas incógnitas en el aire. Entre ellas quién es ese misterioso fumador que parece saber mucho y manejar los hilos. Esos finales abiertos también son marca de la casa. 

Han pasado casi 22 años desde que se emitió el piloto de The X Files y el capítulo ha mantenido su frescura pese al paso del tiempo. Sigue siendo un capítulo entretenido, bien contado, bien dirigido y con interpretaciones por encima de la media. Puede que quienes se acerquen a él por primera vez se horroricen ante la calidad de la imagen y la estética. Seguro que todo les parece viejo y manido pero The X Files es la madre del procedimental moderno. Un respeto que estamos hablando de una serie que ayudó a que la pequeña pantalla empezase a mirar hacia arriba preguntándose hasta donde podía llegar.

viernes, 7 de agosto de 2015

La gamberrada nostálgica de Netflix

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El único motivo que me impulsó a ver el piloto de Wet Hot American Summer: First Day of Camp fue la presencia en el reparto de Janeane Garofalo, Amy Poehler y Paul Rudd. No conocía la existencia de la película de 2001; título de culto para unos, chorrada inaguantable para otros. No sabía que la serie era una precuela de aquel título y no me molesté en buscar información sobre la película o la serie. Me bastaba saber que Garofalo, Poehler y Rudd estaban en el ajo para darle una oportunidad a esta nueva comedia de Netflix.

El piloto me pareció aburrido, terrible. Me dio pereza continuar con esta historia de campistas y adolescentes pero me obligué a seguir convencida de que semejante reparto aportaría algún que otro momento de diversión. No me equivocaba. Elizabeth Banks, Bradley Cooper, Ken Marino, Christopher Meloni, Jason Schwartzman, Chris Pine, Lake Bell, Michel Cera, John Hamm, Josh Charles, Bruce Greenwood, Richard Schiff y paro porque hay más pero no es cuestión de ponerlos todos, se encuentran cómodos en sus respectivos papeles y se nota que se están divirtiendo formando parte del campamento Firewood. 

Actualmente, vivimos una época de reboots, remakes y rescates: Boy Meets World, Full House, The X Files y Twin Peaks regresan a la pequeña pantalla. Los fans de Arrested Development lograron la tan deseada cuarta temporada, Hawaii Five-0 lleva cinco temporadas entreteniendo a los espectadores de la CBS, J.R volvió a ponerse su sombrero en Dallas y Rob Thomas tuvo la oportunidad de resucitar a Veronica Mars gracias al apoyo económico de los seguidores de la serie. El factor nostalgia cotiza al alza y Wet Hot American Summer: First Day of Camp sabe sacar partido de ello. 

Este delirante caramelo merece entrar a formar parte de la lista de productos geniales de la cultura popular. Una serie cargada de buen rollo que reúne a uno de los más grandes repartos hollywoodienses para ofrecer un recital de talento tan liviano como efectivo. 

Para disfrutar en profundidad de la serie es fundamental y necesario ver la película. No debemos obviar su existencia porque, después de todo, la serie es una realidad gracias a los seguidores de la película; a esos fans y espectadores que hace 14 años -y durante todo ese tiempo- han mantenido viva la llama del campamento Firewood. Además, el visionado de la película nos proporcionará mayor información sobre los personajes porque se centra en el último día de campamento mientras que la serie lo hace en el primero. Los guionistas se han preocupado de mantener la coherencia narrativa y temporal del binomio serie-película explicando los antecedentes de muchas situaciones y dotando de sentido a muchas de las cosas que suceden el el film. Se esclarece el pasado del cocinero, estupendo Christopher Meloni, y el misterio de la lata que habla; relacionan la presencia del profesor Henry Neumann (David Hyde Pierce) en las inmediaciones del campamento con un episodio violento en su universidad; justifican la estadía de Lindsay (Elizabeth Banks) en Firewood y hasta crean toda una trama para ilustrar el origen de la canción Higher and Higher. Hay varias tramas en la serie, algunas funcionan, otras no tanto, las menos son aburridas. Sin embargo, el conjunto es entretenido, ágil y sorprendente. Además, tras 14 años, las carreras de muchos de los miembros del reparto original están en lo más alto como es el caso de Bradley Cooper que ya carga a sus espaldas con tres nominaciones a los Oscar; Amy Poehler que es una diosa televisiva, David Hyde Pierce que atesora múltiples premios por su paso por Frasier y los escenarios de Broadway o Paul Rudd, el señor Mierda Embolsada, que recientemente se ha enfundado el traje de Ant Man.

Ver a actores de cuarenta años interpretar a adolescentes de 16 años en un campamento de verano da lugar a situaciones hilarantes. Es graciosísimo ver a Amy Poehler decirle a John Slattery (nueve años mayor que ella en la vida real) que tiene 16 años y que su relación es imposible. Es muy entretenido ver a Joe Lo Truglio y Ken Marino comportarse como críos o a Elizabeth Banks, de 42 años, ponerse en la piel de una reportera de 24 años que finge tener 16. Hay cosas, en este sentido, que resultan muy curiosas; Michael Showalter, actor que interpreta a Coop, perdió bastante peso en 2001 para dar vida a un adolescente. En esta ocasión, no. Es, si exceptuamos la cara de Garofalo y su encuentro con el bisturí, el actor que más ha cambiado.

2001 - 2015

Hilarante y gamberra, enérgica y refrescante, grotesca y animada, Wet Hot American Summer: First Day of Camp es una de esas series que da gusto ver de una sentada. Ocho capítulos de poco más de 20 minutos componen la primera temporada de esta nostálgica comedia que engrosa el listado de series de producción propia de Netflix.

sábado, 1 de agosto de 2015

El diario de Rae Earl

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He tardado una semana en visionar My Mad Fat Diary, serie británica que el pasado 6 de julio se despidió tras tres temporadas y 16 episodios dejando a sus seguidores con lágrimas en los ojos y una sonrisa en los labios. Me alegro de haber comenzado la serie justo un día después de su final, eso me permitió devorar los capítulos y disfrutar sin restricciones de la historia de Rae Earl, fantástica Sharon Rooney, una joven de 16 años que sale del hospital psiquiátrico tras cuatro meses internada. Rae es una chica con muchos problemas, con muchas virtudes y con una gran fuerza interior; es inteligente, divertida, egoísta, infantil, solitaria, inconformista y gorda, muy gorda. Sus problemas mentales, estrechamente relacionados con su desprecio por su imagen corporal y la ausencia de una figura paterna, son una constante a lo largo de la serie. Los espectadores asistimos al proceso de curación y aceptación de Rae, la seguimos en sus sesiones con su terapeuta Kester (Ian Hart), descubrimos su malsana relación con la comida, la acompañamos en sus primeros pasos en el mundo real y conoceremos a su nuevo grupo de amigos (the gang) formado por la bella Chloe, la inocente Izzy, el alocado Chop, el silencioso Finn y el intelectual Archie. 

El diario del título hace referencia al que Rae empieza a escribir por consejo de Kester justo después de su regreso a casa. La serie usa este recurso para mostrarnos las constantes batallas a las que se enfrenta la protagonista. La historia, siempre contada desde el punto de vista y la experiencia de Rae, es una oda a esa etapa tan angustiosa como electrizante que es la adolescencia. Una adolescencia que, en este caso, se desarrolla en 1996 en Inglaterra, así que la banda sonora vital de Rae y su gang está sazonada con canciones de Radiohead, Oasis, Blur, britpop. 

La serie auna drama y comedia de manera satisfactoria y elegante, navegando sin concesiones entre los dos géneros sin caer nunca en lo obvio ni en lo fácil. En el apartado visual, los efectos animados, las letras sobreimpresas, los flashbacks y las fantasías, que se usan con profusión a lo largo de los 16 capítulos de My Mad Fat Diary, son todo un acierto y actúan de manera efectiva a la hora de realzar los distintos estados emotivos, físicos y mentales de Rae. Otro punto a favor es el tratamiento que se hace de los problemas mentales, la serie se enfrenta a esta realidad de cara, de manera honesta, sin caer en manidos clichés ni en histerismos dramáticos. El caso de Tix, por ejemplo, es un mazazo para el espectador que ve como una joven sucumbe ante la anorexia sin que nadie, ni familia ni amigos ni médicos, puedan hacer nada para salvarla.

Quiero detenerme un momento par alabar a Sharon Rooney, actriz escocesa de físico rotundo, que compone de manera realista y muy divertida a una joven al borde de la quiebra emocional que solo quiere encajar, ser feliz, enamorarse y beber cervezas con sus amigos. Rooney se mueve, respira y habla con naturalidad dentro de las costuras del personaje. Además, tiene la suerte de estar arropada por un reparto fantástico donde casi todos los jóvenes resultan creíbles, es decir, parecen auténticos adolescentes con problemas y vidas reales, mientras que los adultos, capitaneados por los fantásticos Ian Hart y Claire Rushbrook, la madre de Rae, cumplen con sus respectivos personajes y aportan miradas y realidades diferentes al contexto de My Mad Fat Diary.

Rae es una persona con una enfermedad que no solo la afecta a ella. Sus amigos, su madre, su pareja... todos se ven afectados por sus problemas mentales y todos quieren, a su manera, ayudarla. Sin embargo, la lucha de Rae es un camino solitario que recorrerá -sola o acompañada- durante toda su vida. Al final es consciente de que siempre tendrá que mantener a raya la locura, de que siempre tendrá que luchar para no dejarse llevar por el peor de los pensamientos pero ella es mucho más que su enfermedad y tiene toda una vida para ser más que la chica loca, la chica que sufre ataques de pánico, la chica que se atiborra de comida basura. Rae puede ser lo que ella quiere porque gracias a las experiencias acumuladas, al cariño recibido y a la ayuda de Kester, de sus amigos y de su madre ha sido capaz de entender que puede, que debe, seguir hacia adelante.

My Mad Fat Diary ya está en mi Olimpo de series sobre adolescentes junto a My So Called Life y Freaks and Geeks. Sin embargo, el tono de la obra británica me resulta más acorde con la expresión de la adolescencia y su estilo que suma gamberrismo, realismo, brutalidad, sueños y crítica social, la hace estar un peldaño por encima de las otras. Creo que la serie se compromete con su historia y sus personajes, que ofrece una perspectiva única y auténtica sobre los problemas de los adolescentes y las enfermedades mentales, que se arriesga en cuanto al tono y la forma en la que nos acerca la realidad de Rae. En definitiva, una serie dramática y divertida, honesta, hiriente, realista y cercana que bien podría ser de visionado obligatorio en las escuela y que cuenta con mi absoluta devoción y cariño.

lunes, 27 de julio de 2015

El éxito de El Ministerio del Tiempo

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Ocho capítulos le han bastado a 'El Ministerio del Tiempo' para convertirse en la serie revelación de la ficción nacional. Hacía mucho tiempo, desde el estreno de la excelente 'Crematorio' (2011), que un producto español no hacía temblar de gusto tanto a críticos como a seriéfilos. El éxito de la serie de Javier y Pablo Olivares no se debe a unas espectaculares audiencias -sus números han sido discretos- sino a una conexión inmediata con miles de seguidores que, a través de las redes sociales, han creado una comunidad de fans proactiva, entusiasta y agradecida. Son los llamados "Ministéricos", entre los cuales me incluyo. 

Para entender mejor el éxito de 'El Ministerio del Tiempo' voy a hacer un repaso de sus puntos fuertes. Cierto que también tiene algún que otro punto débil pero el conjunto ha quedado tan redondo y disfrutable que no merece la pena buscarle defectos. Veamos por qué estamos ante una de las mejores series españolas de todos los tiempos. 

El mejor Alatriste visto en pantalla

Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) no es el Alatriste de Reverte ni falta que le hace. Este soldado de los Tercios Españoles es, a todas luces, la mejor representación que se ha hecho del conocido personaje del cartaginés. Ni Aitor Luna en la serie 'Las aventuras del capitán Alatriste' (2015) ni Viggo Mortensen en la película que dirigió Agustín Díaz Yanes en 2006 consiguieron capturar la esencia del aguerrido soldado. Fresneda compone un personaje bravío, lleno de ímpetu y fuerza. Un hombre leal y honorable siempre dispuesto a pelear y hacer frente a las injusticias. Su visión del mundo contrasta con la que tienen sus compañeros pero este choque de culturas resulta de lo más divertido. 

Guiños a la cultura popular

Torrebruno, Curro Jiménez, Alatriste, Jordi Hurtado, el grupo Leño, la aparición de Isabel (Michelle Jenner)... 'El Ministerio del Tiempo' juega con muchas referencias culturales cercanas y hasta se atreve ha hacer guiños metatelevisivos cargados de intención. Esto siempre dibuja una sonrisa en el rostro del espectador que reconoce las referencias y disfruta viendo a Ramón Langa -doblador habitual de Bruce Willis- como Espínola.

Personajes secundarios sólidos

Aura Garrido, Rodolfo Sancho y Nacho Fresneda están correctos en sus respectivos papeles pero aunque son los pilares de la serie hay que reconocer el excelente trabajo de los secundarios:Juan Gea (Ernesto), Cayetana Guillen-Cuervo (Irene), Jaime Blanch (Salvador Martí, director del Ministerio) y Francesca Piñol (Angustias). Estos cuatro personajes son indispensables para el desarrollo de la historia y todos han tenido su momento -algunos más de uno- de gloria. Los intérpretes, todos con amplias carreras a sus espaldas, aportan solemnidad y cohesión al conjunto. Mención especial para un grande del teatro como Blanch, un ejemplo para las nuevas generaciones de actores. Blanch tiene presencia y carisma, sabe actuar y su dicción es impecable. Su personaje, uno de los más misteriosos del Ministerio, promete dar sorpresas de cara a la segunda temporada. 

Historia y cultura

Entretener, informar y enseñar. La obra de los hermanos Olivares consigue hacer las tres cosas. Nos recuerda el pasado - a veces glorioso a veces infame- de España mientras recupera a grandes artistas como Lope de Vega o Velázquez y rescata la figura de personajes como El Empecinado. El viaje temporal permite a los guionistas situar a los personajes en la Residencia de Estudiantes cuando Dalí, Buñuel y Lorca paseaban por sus pasillos o a tiempo de ver la partida de la Armada Invencible en la Lisboa de 1588. La forma de acercarse a los personajes históricos ha sido atrevida y directa, retratándolos como seres humanos y no como grandes figuras a las que rendir tributo: Lope era un "pichabrava" y un bocazas; Dalí un interesado, Velázquez bastante vanidoso y pesado, Lorca un soñador. 

El valor del trending topic

Ya mencioné a los 'Ministéricos', seguidores de la serie que cada lunes conseguía que Lope, García Lorca, Huesca, Velázquez, Espínola, Picasso o Lázaro de Tormes se convirtiesen en TT. Hay que aplaudir el enorme y sobresaliente trabajo del equipo que gestiona los contenidos transmedia de la serie: Paloma G. Quirós, Agustín Alonso y Pablo Lara.

Además de en Twitter, 'El Ministerio del Tiempo' cuenta con perfiles en Facebook, Instagram y Tumblr, una estupenda web cargada de contenidos, el programa 'La puerta del tiempo' donde se entrevista al equipo y a los actores; e incluso un grupo de Whasapp. Esto ha dado pie al surgimiento de un fenómeno fan que recuerda al de series tan consolidadas como 'Doctor Who' o 'Game of Thrones'. Los seguidores de 'EMDT' están expandiendo las fronteras televisivas del producto original generando contenidos como relatos cortos, juegos de rol, dibujos, cómics, parodias, podcast...

domingo, 14 de junio de 2015

La rubia zombie

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Parece que la CW ha encontrado su esencia de ser en las adaptaciones de cómics. Actualmente mantiene dos series basadas en cómics que funcionan y que han creado un universo propio en continua expansión, me refiero a The Flash y Arrow. Y a estos dos éxitos tenemos que añadir iZombie, creada en base al cómic homónimo por Rob Thomas (Veronica Mars) y Diane Ruggiero-Wright. La mano de Thomas se nota, hay muchas similitudes entre ambas series y durante los trece capítulos que forman la primera temporada de iZombie. Además, es entrañable ver a muchos alumnos de Neptune (Ryan Hansen, Percy Daggs III) visitando Seattle, ciudad en la que se desarrolla la historia de Liv Moore. Espero que de cara a la siguiente temporada gente como Francis Capra, Enrico Colantoni, Chris Lowell o la mismísima Kristen Bell se animen a conocer a Liv Moore. 

iZombie nos sumerge en la historia de Liv (Rose McIver), una joven estudiante de medicina que tras asistir a una fiesta en un lago acaba convertida en zombie. La masacre del lago es una parte muy importante de la mitología de la serie y volveremos a ese momento varias veces a lo largo de la primera temporada. Liv, ahora una zombie, rompe con su vida anterior y consigue un trabajo en la morgue para poder acceder a su comida favorita: cerebros. En este punto he de deciros que iZombie no es una serie de zombies típica, aquí la mayoría de los zombies viven perfectamente integrados en la sociedad, mantienen sus trabajos, sus vidas y ocultan su apariencia zombie (pelo blanco, piel pálida) gracias al maquillaje. Liv tiene la suerte de tener un trabajo que le posibilita comer cada día pero el resto de zombies recurren a Blaine (David Anders), el villano de esta historia, quien crea un negocio de comida a domicilio basado en la necesidad de su exclusiva clientela. Ojo, que Blaine no solo proporciona cerebros a los zombies; también se dedica a convertir a la gente rica e influyente de Seattle que necesitará de sus servicios para poder alimentarse. 

Pero iZombie no es solo una historia de zombies es también un procedimental policial. Cada vez que Liv come un cerebro adquiere rasgos de la personalidad de los muertos y tiene acceso a parte de sus recuerdos. Con esta información privilegiada se dedica a ayudar al detective Clive Babineaux (Malcolm Goodwin) investigando asesinatos. Claro que Babineaux no sabe que Liv es una zombie, cree que es una psíquica. El hecho de que Liv adquiera temporalmente rasgos del carácter de las víctimas ofrece mucho juego. Ella no desaparece dentro de esas personalidades como le ocurría a la Echo de Dollhouse, más bien añade esos rasgos a su carácter. Son un complemento que la convierten, dependiendo del cerebro, en una cheerleader todo amor y optimismo o en un sociópata o en un francotirador del ejército.

La única persona que conoce el secreto de Liv es Ravi Chakrabarti (Rahul Kohli), un médico inglés que trabaja como forense en Seattle. Desde el primer momento sabe que Liv es un zombie e intentará ayudar a nuestra protagonista a encontrar una cura para su enfermedad. 

Esto es, a grandes rasgos, lo que nos propone la serie, una inteligente combinación entre géneros con personajes que van sumando fuerza y carisma a medida que nos acercamos al final de temporada. La premisa podía parecer algo tonta pero este batiburrillo funciona aunque le cuesta un poco arrancar y encontrar su propia voz. McIver, al principio algo rígida y despistada, se va soltando y a la altura del octavo capítulo ya está totalmente a gusto con su personaje y sus cambios de carácter. 

Al igual que en Veronica Mars, el centro de la serie es otra rubia de armas tomar a la que no conviene hacer enfadar ya que podría entrar en modo zombie total. Liv es descarada, sarcástica y fuerte, mucho más de lo que ella cree. Pero no es perfecta, tiene dudas, miedos, momentos egoístas. Se comporta de manera natural y poco artificiosa. Su relación con Ravi está muy bien construida y recuerda mucho a la que Veronica tenía con Wallace. Liv aspira a volver a su antigua vida, a dejar de tener miedo y volver abrazar a su ex, Major, con el que rompió para mantenerlo a salvo. Quiere volver a conectar con su amiga y compañera de piso, quiere volver a pasar tiempo con su familia. Quiere una vida normal pero su condición de zombie es una gran limitación.

Puede que las casos semanales sean poco imaginativos y que se resuelvan con demasiada facilidad pero creo que de cara a la segunda temporada se pulirá este aspecto y la serie tomará una senda más dramática tras los acontecimientos del final de temporada. Durante sus trece primeros capítulos han construido una mitología bastante extensa con muchas ramificaciones y se han preocupado por perfilar a los personajes. Tras ese larga introducción, parece que tendremos un nuevo malo malísimo (Max Rager) y bastantes cambios en la vida de Liv ahora que más personas conocen su condición zombie. 

A pesar de que la sombra de Veronica Mars es alargada considero que iZombie tiene la suficiente personalidad como para alejarse de ella y desarrollarse libremente. Con el tiempo puede que incluso dejemos de comparar ambas series.

domingo, 7 de junio de 2015

De narradores y voces en off

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Uno de los grandes aciertos de la sorpresa seriéfila de la temporada, Jane the Virgin, es su narrador. Esa voz que nos introduce en la historia no es la típica voz de narrador de documental que, sin apenas inflexiones, acompaña el metraje; o una irritante vocecilla que busca el chiste fácil y la manipulación del televidente. El narrador de Jane The Virgin es un personaje de pleno derecho divertido y cercano que nos ayuda a comprender la realidad de Jane, que sirve para introducir los capítulos con unos estupendos “previously on” donde nos pone en situación y recapitula lo sucedido hasta el momento; que enmarca el contexto de los personajes (principales y secundarios); y que tiene una personalidad repleta de matices que convierten sus intervenciones en un pequeño placer. 

La historia de Jane The Virgin está contada desde el punto de vista de este particular narrador con aires de latin lover. Un narrador que desde el primer capítulo ofrece una perspectiva única sobre la situación de Jane y que nunca ha dejado de ser el eje central sobre el que se articulan los episodios. Una serie tan enrevesada como esta necesita un narrador para llevar de la mano a los espectadores y que no se pierdan entre tanto giro loco de guión.

Un narrador efectivo es capaz de afectar a la forma en la que se cuenta la historia pero no a la historia en si misma. Ellos aportan perspectiva a los hechos y a las acciones de los personajes, pueden expresar opiniones, dudas o interpelar directamente al espectador rompiendo la cuarta pared. Tenemos narradores como el de Jane the Virgin que no forma parte de los hechos y otros, como Carrie Bradshaw de Sex in the City, que si lo hacen. Veamos algunos ejemplos.

Sin duda Desperate Housewives es el drama que mejor ha usado la técnica del narrador.

Me llamo Mary Alice Young, cuando vean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre el día tan raro que tuve la semana pasada. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida , pero eso cambió el jueves pasado. Al principio, todo parecía muy normal: preparé el desayuno a mi familia, hice las tareas de la casa, terminé unos trabajillos pendientes e hice los recados. En realidad, pasé el día como cualquier otro, sacándole brillo a la rutina de mi vida para que resplandeciera con toda perfección. Por eso me resultó tan asombroso que decidiera ir al armario del pasillo a coger un revolver que jamás se había usado…
La fallecida Mary Alice -narrador omnisciente- nos introducía en las miserias y victorias diarias de los vecinos de Wisteria Lane de manera inteligente y sutil. Mary Alice era un gran narrador, era humana, sutil, cercana y filosófica. Su importancia dentro de la serie es indiscutible y algunas de sus reflexiones eran muy poderosas. Sin embargo, mi narrador favorito es el de Pushing Daisies, un narrador que no vemos ni conocemos; que nos cuenta, como si fuese un cuento, la historia de Ned y Chuck. 


En series como Emily Owens MD tenemos la voz en off de la protagonista en el piloto, ella misma se encargará de poner en situación a los espectadores explicándoles cosas de su pasado y presente. No es la única serie que ha echado mano de este recurso, recordemos que series tan recordadas como Sex in the City, The Wonder Years o Dexter también lo han hecho. La voz en off puede servir para conocer un poco mejor la psique de los personajes ya que abre una puerta a los pensamientos más íntimos de los mismos, a sus miedos, a sus alegrías. Recuerdo que en Dead Like Me usaban este recurso para que George nos explicase sus sensaciones tras morir y convertirse en recolectora de almas.

En Sex in the city, la voz en off de Carrie servía para transmitir humor y conectar con el público a través de aquellas preguntas que la columnista se planteaba frente a la pantalla de su portátil. En Dexter, centrada en un asesino en serie, la vozz en off nos ayudaba a comprender mejor a un personaje, a priori incomprensible, y nos explicaba sus procesos: cómo se camuflaba en sociedad, cómo elegía a sus víctimas, cómo mataba... Burn Notice, la voz en off del espía Michael Westen sirve para explicar desde cómo hacer una bomba a cuales son las tácticas de asalto favoritas del FBI. Westen nos regala un manual para espías amateurs como años antes hiciera Richard Dean Anderson en MacGyver explicando cómo fabricar una bomba con un clip y un chicle.  

Hay más series donde nos encontramos con un narrador: Gossip Girl, Grey's Anatomy, Arrested Development o How I Met Your Mother. Puede que Ted Mosby sea el narrador más detallista y pesado de la historia de la pequeña pantalla; y que Ron Howard, voz de Arrested Development, uno de los más asépticos y divertidos. 

Seguro que me dejo muchas series en el tintero pero, hoy por hoy, el narrador más entretenido de la pequeña pantalla es el de Jane The Virgin.

domingo, 24 de mayo de 2015

Los capítulos en directo de la NBC

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El revisionado de Will&Grace me ha dado grandes alegrías como comprobar que la serie sigue siendo tan divertida como recordaba. He reconectado con su humor inteligente, picarón y bastante crítico; y he disfrutado con el desfile de estrellas invitadas: Cher, Kevin Bacon, Matt Damon, Jennifer Lopez, Michael Douglas o Chloë Sevigny. Había olvidado muchas cosas de esta efervescente comedia y ha sido un gustazo volver a descubrir el mundo de Will, Grace, Jack y, por supuesto, Karen. Una de las cosas que no recordaba es que durante la octava temporada de la serie se hicieron dos capítulos en directo. El primero, Alive and Schticking, sirvió para inaugurar la última temporada de Will&Grace. El capítulo escrito por Bill Wrubel y dirigido por James Burrows se emitió el 29 de septiembre de 2005. Los actores tuvieron que actuar dos veces, una vez para el pase de la costa Este y luego para el de la Oeste. La acción de Alive and Schticking transcurre entre el apartamento de Will y el pasillo de entrada. Alec Baldwin fue la estrella invitada y su trabajo le valió una nominación al Emmy. Alive and Schticking es un capítulo bastante divertido en el que Karen descubre que su difunto marido sigue vivo mientras que Grace intenta decidir si empezar un affair con un hombre casado. Por su parte, Jack aparece con un parche en el ojo y Will no quiere que el personaje de Baldwin salga con Karen. Hay varios momentos en los que los actores no son capaces de contener la risa, Sean Hayes y Debra Messing lo intentan pero creo que es imposible no reírse de las frases y locuras de Jack. 


El segundo directo de Will&Grace fue Bathroom Humor emitido el 12 de enero de 2006. De nuevo Burrows se encargó de la dirección mientras que el guión fue obra de Greg Malins. A mí me parece que no es un capítulo tan fresco como Alive and Schticking pero a estas alturas de la serie ya estamos tan encariñados con los personajes que cualquier situación en la que se vean involucrados nos interesa. La trama se desarrolla en el baño de la casa de Karen durante su exclusiva fiesta de cumpleaños. Jack, Grace y Will descubren que celebra dicha fiesta todos los años y que nunca los ha invitado; es más, ese año recibieron la invitación debido a un error de Rosario. 

Los capítulos en vivo en las series de televisión son una rareza. Pocas producciones se atreven a llevarlos a cabo porque son demasiado complejos. Veamos, en una sitcom sería relativamente sencillo porque hay pocos escenarios y las cámaras no se mueven mucho pero en series más dinámicas como Parks and Recreations o Brooklyn Nine-Nine sería más difícil. Si quieren hacer un capítulo en directo el equipo tiene que afrontar muchos retos por eso debemos reconocer el trabajo, esfuerzo y talento que supone hacer un episodio de estas características. 

Algunas series se arriesgaron y probaron suerte con el directo, muchas de ellas eran de la NBC. Veamos unos ejemplos:

ER, Ambush es el primer capítulo de la cuarta temporada del drama médico de la NBC. En este episodio, un equipo de la PBS graba un documental sobre el día a día en el servicio de urgencias. El episodio, dirigido por Thomas Schlamme y escrito por Carol Flint, se emitió el 25 de septiembre de 1997. Han pasado casi 18 años desde este Ambush, una capítulo impresionante desde el punto de vista técnico en el que hay que destacar el enorme trabajo realizado para superar los errores del directo. Su guión no flaquea y continúa la trama de los protagonistas -en especial la del doctor Greene- e introduce a la doctora Elizabeth Corday (Alex Kingston) en la historia. Aquí os dejo un vídeo que compara la emisión de la costa Este y la de la costa Oeste. 


The West Wing, The Debate, capítulo emitido el 6 de noviembre de 2005. Dirigido por Alex Graves  con guión de Lawrence O'Donnell, Jr. El capítulo se centra en el debate entre los candidatos a la presidencia Matthew Santos y Arnold Vinick, Un debate libre de una hora de duración moderado por Forrest Sawyer. Ambos candidatos hablan sobre trabajo, economía, el sistema de salud y la inmigración de manera elocuente y civilizada. Para Jimmy Smits, que interpretó a Matt Santos durante 37 episodios, The Debate es su capítulo favorito de The West Wing. 

30 Rock, la comedia de Tina Fey, tuvo dos capítulos en vivo: Live Show, emitido el 24 de octubre de 2010 y Live from Studio 6H del 26 de abril de 2012. Estos capítulos se presentaron en dos pases, uno para la costa Este y otro para la Oeste; y cada pase es único porque hay pequeñas diferencias entre ellos. En Vaya Tele podéis encontrar información más detallada sobre los capítulos en cuestión: aquí y aquí

martes, 19 de mayo de 2015

Hindsight, regreso a los noventa

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La premisa de Hindsight, serie de VH1, es sencilla. Becca (Laura Ramsey) está a punto de casarse pero siente que no está tomando la decisión adecuada. Ese es el menor de sus problemas porque la noche antes de su compromiso viajará en el tiempo hasta 1995 despertando en casa de sus padres el día de -tachán- su primera boda. Becca, con 20 años de experiencia a sus espaldas, sabe que ese primer matrimonio terminará en divorcio, que sus padres también se separarán, que su hermano tendrá problemas con las drogas y que perderá contacto con Lolly (Sarah Goldberg), su mejor amiga. Con todo ese conocimiento y toda la experiencia, Becca podrá redirigir su vida y cambiar todo lo que no le gusta de su pasado. El problema es que cualquier cambio tiene unas repercusiones inesperadas que nadie, ni siquiera ella, puede prever. 

Hindsight nada entre dos aguas: la comedia y el drama. La maravillosa relación entre Lolly, portentoso personaje de entusiasmo y locura contagiosas, y Becca es la piedra angular sobre la que se asienta una serie que empieza con fuerza y buen ritmo pero que pierde fuelle a medida que aparecen pretendientes amorosos para la viajera temporal. En los diez capítulos que componen la primera temporada de Hindsight, Becca tiene tres pretendientes diferentes: Sean (Craig Horner), Andy (Nick Clifford) y Kevin (Steve Talley). Estas aventuras amorosas copan la trama no permitiendo que otras historias se desarrollen y relegan el misterio del viaje temporal al ostracismo sin dar muchas pistas al fan. 

Los creadores tienen claro que esta serie versa sobre el amor, las oportunidades perdidas y la amistad. ¿Haríamos las cosas de manera diferente? ¿Somos felices con lo que tenemos? Becca es capaz de dejar su pasado en paz, necesita enmendar una serie de errores: su trabajo, su primer matrimonio, su relación con Lolly, los problemas de su hermano. Nada de esto tiene solución porque lo que a veces pensamos que puede ser la decisión correcta puede ser la peor de todas. Becca aprenderá que cambiar las cosas tiene un precio y que, esos cambios, pueden afectar negativamente a aquellos que más quiere. 

Entre los aciertos de la serie destaco el personaje de Lolly, uno de los más dinámicos y divertidos del conjunto, junto a un puñado de secundarios (el dueño del videoclub, el camarero del bar) que aportan su granito de locura al conjunto. Si Lolly es un personaje a tener en cuenta, Becca es una mera caricatura. Un personaje que tiene la oportunidad de corregir sus errores pero que, a pesar de la experiencia y la madurez que una persona de cuarenta años debería tener, no deja de tropezar en la misma piedra. Es frustrante ver como esta mujer sin carácter es incapaz de hacer algo positivo por los demás. Finalmente, al igual que Lolly, debemos admitir que Becca es una egoísta preocupada por su propia felicidad aunque sea a costa de la de los demás. A pesar de que el personaje no me cae nada bien reconozco que Ramsey hace un buen trabajo siendo capaz de transmitir las dudas, miedos, inseguridades y vulnerabilidad de la viajera temporal. 

Lo mejor de la serie es revisitar los noventa, la época de los peinados a lo Rachel, de la cancelación de My So-Called Life, del juicio de OJ Simpson, los VHS y los discman.  La serie juega muy bien la carta de la nostalgia – su banda sonora es deliciosa – haciéndonos recordar una época que conocemos perfectamente y que está llena de hitos de la cultura popular. Una época sin redes sociales, sin iPad, en la que podíamos fumar en los bares y llevar petos vaqueros. 

Una serie sencilla y sin muchas pretensiones que nos propone un viaje al pasado. Se disfruta si no se piensa demasiado en ella. Para nostálgicos empedernidos que añoran los tiempos en los que Angela Bassett se derretía por Jordan Catalano. Ojo, por momentos es difícil no ver en Lolly a Rayanne Graff.

jueves, 7 de mayo de 2015

Forever, el forense inmortal

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Esta semana la ABC emitió la season finale de Forever. Aún no sé si la serie protagonizada por Ioan Gruffudd tendrá segunda temporada ya que su audiencia no ha hecho más que disminuir desde los 8,6 millones del piloto hasta los 4,13 del último episodio. Posiblemente ABC la cancele por eso no han cerrado la serie con un cliffhanger. Han cerrado las tramas principales y sembrado la semilla para una segunda entrega. Un cierre elegante, sencillo y sin pretensiones; adjetivos que también se le pueden aplicar a este procedimental.

Matt Miller, creador de Forever, debe pensar que nadie se acuerda de New Amsterdam (2009), malogrado procedimental protagonizado por un entonces desconocido Nikolaj Coster-Waldau. Forever aprovecha la base de New Amsterdam, un protagonista inmortal, para armar una serie de casos con un toque diferente. 

Ioan Gruffudd, el marido de Sarah Michelle Gellar en Ringer, interpreta en esta ocasión a Henry Morgan, un reputado forense que ayuda a la policía de Nueva York a resolver los más variados crímenes. Henry es culto, elegante, inteligente e inmortal. Gracias a sus 200 años de experiencia acumulada es capaz de resolver cualquier caso. Los capítulos siempre siguen el mismo esquema; mientras la investigación avanza, la memoria de Henry corre paralela al caso mostrando momentos de su pasado que suelen ayudarle a resolver el misterio.

Lo que más me gusta del personaje es que es un anacronismo andante. A pesar de haber vivido durante doscientos años, su esencia sigue siendo la de aquel caballero inglés, educado y refinado, que murió por primera vez defendiendo a un esclavo. Un romántico que aún no ha superado la desaparición del gran amor de su vida, Abigail. Parecía improbable encontrar una contrapartida femenina a la altura, ya que se nota que el personaje de Henry está muy cuidado y estudiado, pero lo lograron introduciendo a una detective en proceso de duelo por la muerte de su marido. Jo Martinez (Alana de la Garza) es la compañera habitual de Henry. Siempre que puede recurre al forense para que la ayude en la investigación. La desconfianza inicial de Jo hacia Henry se transforma, a lo largo de la temporada, en admiración, compañerismo y un algo más que a mi me sobra pero que entiendo como necesario. 

El resto del reparto lo completan, Joel David Moore, Judd Hirsch, Donnie Keshawarz y Lorraine Toussaint. Moore (Bones) parece haberle pillado el gusto al bisturí, los cadáveres y los guantes de látex. Aquí interpreta a Lucas, el asistente de Henry en la oficina del forense. Lucas es el alivio cómico de la serie. Le encanta su trabajo, admira a su jefe y es un friqui. Me encanta el personaje porque es muy humano y divertido. 

¿Y qué decir de Judd Hirsch? Un grande, quien en esta ocasión interpreta a Abraham Morgan, el hijo de Henry. Abraham fue salvado de los campos de exterminio por Abigail y Henry al poco de empezar su relación. La recién formada familia se instaló en Nueva York y allí vivieron felices hasta el día en que Abigail decidió desaparecer. Abraham tiene más de setenta años, regenta una tienda de antigüedades y es el único que conoce el secreto de Henry. La relación entre estos dos personajes fue la razón por la que me enganché a Forever. Hacía tiempo que no veía una dinámica tan maravillosa entre dos actores de generaciones tan diferentes. Hirsch es un veterano actor de 80 años nacido y criado en el Bronx; Gruffudd es un galés cerca de cumplir los 42. 

Para ir cerrando, deciros que aunque es un procedimental existen dos misterios que se prolongan durante toda la temporada: qué fue de Abigail y la aparición de otro inmortal. El otro inmortal lleva más de 2000 años paseándose por el mundo, tanto tiempo, tantas vidas, tanta soledad le han llevado a tratar a las personas como meros insectos. Él es inmortal, nosotros estamos de paso. Henry no concuerda con su visión y sus caminos se cruzan más de una vez a lo largo de los 22 episodios que componen la primera temporada de la serie. 

En definitiva, desearía una segunda temporada de Forever para saber qué pasa con Henry y Abe, cómo siguen las investigaciones de asesinato en Nueva York, cuántas referencias friquis puede hacer Lucas y si existen más inmortales en el mundo.

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