lunes, 18 de enero de 2016

Personalidades atómicas


Manhattan es una buena serie en un canal demasiado modesto. Si fuese una producción de HBO, Netflix o incluso FX seguro que escuchábamos más voces a su favor pero como no se emite en el círculo sacrosanto de las grandes cadenas -lo hace en WGN America- el ruido mediático que hace es poco más que un susurro.

Estrenada en 2014, la creación de Sam Shaw (guionista de Master of Sex) destacó como una de las propuestas más interesantes y estimulantes de la temporada gracias a una premisa de lo más atrayente. Desde entonces, Manhattan ha ido creciendo, mejorando y remendando errores. Su primera temporada consta de 13 capítulos. La segunda, que acabo de empezar, tiene diez y supone un salto hacia adelante en el desarrollo de tramas, en la evolución de personajes y en el trasfondo dramático. 

La historia comienza en 1943 y nos traslada a la Colina, en Los Álamos (Nuevo México), un páramo de arena y sol en el que las mentes más brillantes del mundo, bajo la constante supervisión del ejército, construyen el artefacto que servirá para acabar con todas las guerras. Todo arranca con la llegada al lugar del joven Charlie Isaacs (Ashley Zukerman) y su familia. Gracias a ellos, el espectador se adentra en el microcosmos científico-militar de La Colina.

Los recién llegados pronto descubrirán que el lugar está repleto de secretos, tensión y competitividad. Mientras los científicos se dedican al desarrollo del proyecto, sus mujeres e hijos aprenden a vivir en un gueto bajo la bandera de la libertad. La Colina es, sin pretenderlo, un pequeño Gran Hermano: vigilancia constante, falta de libertad, ausencia de control real, pérdida constante de derechos. 

Charlie es uno de los hilos conductores de la historia pero el auténtico protagonista es Frank Winter (John Benjamin Hickey), jefe de la unidad de estudio de la implosión, líder nato y científico brillante que asume la factura que el proyecto le está pasando a su matrimonio, su familia y su cordura. La serie pivota alrededor de la figura del doctor Winter, personaje que se inspira en Seth Neddermeyer creador del diseño de implosión, un modelo de detonación seguro que podía utilizar como combustible uranio o plutonio. La obsesión de Winter es desentrañar la manera de usar la implosión, un modelo de gran complejidad que tuvo que probarse antes de poder ser utilizado como arma. 

Me gusta que la serie se centre en aquellos científicos, genios de carne y hueso, con sus luces y sus sombras, que construyeron en secreto el arma más temible de todos los tiempos. La carrera contrarreloj para construir la bomba atómica es el telón de fondo perfecto para un ambicioso drama social, político y ético que, a veces, abarca más de lo que debería. A las luchas éticas y morales de los científicos tenemos que añadir la discriminación de género, el racismo, la homofobia, la infidelidad ... y todo esto aderezado con un estado de paranoia generalizado por culpa del espionaje y la amenaza comunista. 

Lo bueno es que los científicos no acaparan todo el protagonismo de Manhattan, las mujeres también tienen voz en medio del desierto de Nuevo México. La discriminación de la mujer es uno de los temas que los guionistas abordan con mayor acierto y, aunque no siempre resulte evidente, prácticamente cada escena da cuenta de lo difícil que era ser mujer en aquellos tiempos y en aquel lugar. Uno de los mejores personajes de la historia es la doctora Liza Winter, brillante botánica que deja su trabajo en una prestigiosa universidad por seguir a su marido. Resulta desolador ver como una mujer independiente, sofisticada e inteligente languidece en el desierto sin nada que hacer. Liza se resiste a ser una simple ama de casa, no le va ese papel, pero el estricto control del ejército, el hermetismo de su marido y la falta de expectativas la empujen al abismo y la desesperación. 
LIZA: I walked away from a tenure-track lectureship in the Ivy League. My husband's research is of vital interest to the government; mine is expendable. The Army won't let me work here. They haven't told me why. My marriage is in limbo. My daughter is trying to get herself killed; she may just succeed. I wake up in the morning and I barely recognize the woman I see looking back at me in the mirror.
Espero que en la segunda temporada su situación mejore porque, como le explica Niels Bohr: "Flowers bloom everywhere, Dr. Winter -- even in the desert." 

La historia que cuenta Manhattan, aunque está envuelta en un contexto histórico determinado, es ficción. El proyecto fue real, la competitividad entre científicos también lo fue. Los Álamos y la bomba por supuesto que existieron pero lo que pasó allí, la cotidianeidad que vemos en pantalla es ficción. La serie de Shawn quiere que imaginemos cómo tuvo que ser vivir allí y construir un arma que podía borrar ciudades del mapa. El esfuerzo es notable y el resultado una ficción injustamente ignorada por el público y olvidada por los premios. 

Tal vez el único fallo que le encuentro a Manhattan es que en su afán por ser accesible da demasiada importancia al drama humano y resta tiempo al problema científico. A pesar de eso es una serie entretenida y correcta. Una propuesta diferente que acierta a la hora de crear atmósferas (la base es un personaje más) y desarrollar personajes.

lunes, 11 de enero de 2016

Los King saben lo que hacen

OJO SPOILERS DE LA SÉPTIMA TEMPORADA!

Puede que la sexta temporada de The Good Wife fuese la más floja de este longevo drama legal pero, aún así, algunos de sus capítulos fueron excepcionalmente buenos como el que nos dejaba entrever el funcionamiento de la mente de Elsbeth Tascioni o The Debate, centrado en el debate entre Alicia y Frank Prady, o aquel Read Meat en el que Diane se iba de caza con un grupo de republicanos ricos. A pesar de ese leve bache y de la pérdida de Kalinda -con polémica incluida- y Finn Polmar (siempre fue poquita cosa el pobre), la serie ha sabido readaptarse para no languidecer. Con la nueva temporada nos ofrecieron un reajuste de tramas (Alicia ya no tiene bufete y ha perdido las elecciones) y de reparto ( Jeffrey Dean Morgan, Cush Jumbo, Peter Gallagher y Margo Martindale) para dar un giro que ha traído frescura y dinamismo a una serie que algunos creyeron acabada. 

Ser una buena serie en una network es tarea complicada. Ser un buen drama con 22 capítulos por temporada, casi siempre de notable alto, es una tarea titánica. Un pequeño traspiés y saltaron las hienas para despedazar a Santa Alicia pero los King se las saben todas, ahora los críticos cierran la boca. La serie está ofreciendo una temporada que, de ser la última, mantiene la clase y elegancia que, desde el 22 de septiembre de 2009, han sido la seña de identidad más destacada de The Good Wife.

Vamos ahora las mejoras de la temporada: 

Jason Crouse (Jeffrey Dean Morgan). El nuevo investigador de la Florrick es capaz de derretir los polos con una sonrisa. Jeffrey Dean Morgan (lo mejor de la adaptación de Whatchmen) es un hombre de voz calmada y gesto socarrón que consigue que olvidemos a Will, a Finn y a Kalinda mientras flirtea con Alicia en la cocina. Al fin aparece por la serie un serio pretendiente para nuestra buena esposa. Además, el misterio que acompaña a Crouse (perdió su licencia de abogado por pegar a un juez) da mucho juego y nos plantea interrogantes sobre las intenciones de Crouse. 

Lucca Quinn (Cush Jumbo). Otra cara nueva, Quinn es una abogada joven, perspicaz y con aplomo que se une a Alicia. Su relación es profesional pero con el tiempo también se va forjando una amistad basada en la lealtad y la mutua admiración. Quinn bebe, baila y deja muy claro que, aunque hace poco que salió de la escuela de derecho, es capaz de enfrentarse a bufetes consolidados como Lockhart, Agos and Lee sin pestañear. Con la pérdida de Robin (aún te echamos de menos) se agradece que aparezca en la serie un personaje con tanta juventud, energía e ingenio como Quinn.

Eli también tiene sentimientos. Desde que Alan Cumming hizo acto de presencia en 2010 su personaje ha ido creciendo, volviéndose más complejo, interesante y divertido. Su gran ego y enorme talento no pueden estar encerrados por más tiempo en un despacho tan pequeño. Esta temporada hemos visto el lado más emocional y humano de nuestro Eli. Su arco ha dado para mucho: despedido por Peter, planeando vengarse, enfrentado a Ruth, enamorado y, por último, superado por los remordimientos. 

Peter a por la presidencia. La campaña de Peter no se detiene y va a por todas. Este año hay opciones de llegar a la Casa Blanca, así que tiene que enfrentarse a Hillary Clinton para poder ser el candidato demócrata a la presidencia. Alicia acepta subirse al carro y jugar el papel de abnegada esposa para que su, aún marido, tenga opciones. El que los King introduzcan la campaña en la trama, siguiéndola en tiempo real, proporciona mucha autenticidad a los guiones de The Good Wife. Y además, tener a Margo Martindale como jefa de campaña es un puntazo. 

domingo, 10 de enero de 2016

Spotlight, los periodistas de Boston


Mitchell Garabedian: If it takes a village to raise a child, it takes a village to abuse them. That's the truth of it.
Spotlight sigue los pasos de la investigación periodística que destapó uno de los mayores escándalos de la iglesia católica en los Estados Unidos. La historia nos traslada a 2001, cuando Marty Baron llega al Boston Globe como nuevo editor jefe. Baron, el primer editor judío del periódico, es un recién llegado sin relación con la ciudad que quiere revitalizar el Globe y dar mayor cobertura a las noticias de ámbito local. Spotlight es el nombre de la sección de investigación del Globe a la que Baron pone a trabajar en el seguimiento del caso del padre John Geoghan. Cuando Baron llega al periódico se habían escrito un par de noticias al respecto pero él quiere que se haga un seguimiento real y pormenorizado del caso. 

Las películas de periodistas han dado lugar a títulos muy buenos como Zodiac, The Paper, Todos los hombres del presidente, Primera página, El gran carnaval o Shattered Glass; Spotlight figura ya entre los grandes títulos de este género. Este drama coral reconstruye con ritmo lento y meticuloso una investigación que supuso un varapalo para la Iglesia y para aquellos que, desde posiciones sociales privilegiadas, se encargaron de encubrir los abusos. Esta imponente crónica sobre la realidad bostoniana, extrapolable a muchas otras ciudades y países, es una obra sobre la diligencia, la responsabilidad y el imperativo moral de los medios de comunicación ante situaciones aberrantes. 

Es complicado tratar un tema como este sin caer en el sentimentalismo barato y el sensacionalismo más amarillista. La acertada dirección de Tom McCarthy opta por mostrar la investigación periodística de manera desapasionada, desde la distancia y la fría observación. Por momento el espectador puede tener la sensación de estar viendo un documental sobre el caso en cuestión. Sin embargo, estamos ante película, una de las mejores del año y una de las mejores que he visto en mucho tiempo. Spotlight tiene un ritmo pausado, la investigación se desarrolla lentamente, como en la vida real; los periodistas buscan buscan pistas, reunen material, entrevistan, indagan... Y es que el trabajo periodístico de investigación no es tan glamuroso como la gente piensa, aquí vemos como el equipo del Globe pasa horas tomando notas, persiguiendo a las fuentes, analizando registros, rellenando impresos, repasando viejos recortes de noticias y recibiendo portazos. Además, cabe recordar que los eventos sucedieron en una época en la que Internet aún estaba en pañales. 

La investigación, interrumpida por el 11S, va revelando el horror de décadas de abuso, de violaciones sistemáticas, de ocultación, de conveniencia entre los poderosos para que la institución no viese manchado su buen nombre. Es increíble descubrir que 87 pederastas camparon a sus anchas por las iglesias de la ciudad con el conocimiento de sus superiores y que poco o nada se hizo para poner freno a esta situación. Nadie hizo nada, eso es lo más triste del caso. “Good germans”, dice el personaje de Mark Ruffalo en un momento de la película para explicar este silencio social ante los casos de pederastia, razón no le falta. Parece que era más fácil mirar para otro lado y dejar que la Iglesia pagase el silencio de las familias y de las víctimas con un poco de dinero y algo de presión.

Entre los protagonistas de esta historia nos encontramos con un resucitado Michael Keaton como Walter 'Robby' Robinson, el editor de Spotlight y jefe del equipo de investigación formado por Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y MattMatt Carroll (Brian D'Arcy James). El trabajo periodístico que realizaron les valió un Pulitzer pero durante el metraje de la película vemos cómo esta investigación les afectó a nivel personal. 

El resto del reparto se completa con la presencia de John Slattery (no me acostumbro a verle fuera de Mad Men), Liev Schreiber y Stanley Tucci. Schreiber se pone en la piel del comedido e inteligente Marty Baron, el hombre necesario para que la historia viese la luz. Destacar la aportación de Stanley Tucci como el abogado Mitchell Garabedian, un personaje secundario que funciona de maravilla y que es vital para el desarrollo de la trama. 

El guión de Thomas Mcarthy y Josh Singe, que en 2013 estaba en la Black List, expone una realidad muy dura que obliga al espectador a plantearse muchas cosas sobre la institución, las personas que la conforman, las que la defienden y el periodismo como profesión fundamental para dar voz a aquellos que les fue arrebatada. Aunque la Iglesia afirmase que el problema era que “había algunas manzanas podridas” en la institución, la realidad es que la jerarquía eclesiástica encubría por sistema este tipo de casos. Resulta indignante ver cómo la Iglesia ocultó los hechos ejerciendo presión sobre las instituciones sociales, políticas, jurídicas y periodísticas de Boston. ¿Cómo dejamos que pasara esto? , muchos bostonianos se hicieron esa pregunta al leer el reportaje del Globe. Trabajemos para que no vuelva a pasar. 

sábado, 9 de enero de 2016

Vísceras, sangre y una cabaña

Si no has disfrutado de los diez capítulos de la primera temporada de Ash Vs Evil Dead es que no tienes sangre en las venas. Tal vez la has perdido entre las cuatro paredes de una cabaña (mítico lugar cinematográfico) de maléficas intenciones y sótano infernal donde las jóvenes rubias son torturadas y troceadas para regocijo del personal. 

Si aún no has visto la primera temporada de la serie no sigas leyendo. SPOILERS!

La serie de Starz es oda de amor al cine de serie B, al gore puro y duro, a las películas sin grandes presupuestos ni grandes efectos especiales como las que Sam Raimi dirigía en sus inicios. Durante 10 capítulos de infarto, Ash Vs Evil Dead ha mantenido una coherencia narrativa y argumental que explota en la season finale apuntalando con tino y una daga kandariana la mitología de esta saga. Desde El Jefe hasta The Dark One, la trama avanza de manera efectiva e inteligente combinando el componente nostálgico, para los fans de las películas, con nuevos elementos -Kelly, Pablo, Ruby o Fisher, la mujer que huele a lavanda- con el fin de atraer a público joven que, poco o nada saben de la saga iniciada en 1981 por Sam Raimi. 

El punto final de la temporada, The Dark One, es un capítulo brillante que perpetúa el estilo visual de Raimi tendiendo un puente entre el pasado y el presente de la saga y recuperando la esencia base de Evil Dead en 35 minutos que todo fan apreciará. Estamos ante un cierre de temporada sangriento y alocado que comprime todo lo visto hasta el momento en una tensa y cómica lucha entre el mal y Ash. The Dark One es el capítulo más logrado de los diez emitidos y el que sube el listón de cara a la segunda entrega. Puede que la tortura que sufre Heather (Samara Weaving) parezca exagerada o gratuita pero admito que hacía tiempo que no oía tan buenos gritos de terror en pantalla. 

El universo deadite sigue combinando con acierto y cierto frenesí visual el horror, el miedo y la comedia permitiendo que Bruce Campbell retome el papel de su vida y, de paso, se lo pase en grande enfrentándose a un mal despiadado y carnicero que lleva tres décadas pisándole los talones. 

El lobo protector y el demonio

Ash no es un héroe al uso pero ES nuestro héroe. Un tipo de pocas luces, egoísta, racista, machista, con tendencia a meter la pata y con un sueño, pescar en Jacksonville, que traerá muchos problemas a la humanidad. Es lógico que Ash sea como es; si toda tu vida has escapado del mal, si has tenido que decapitar a tu novia, si has visto morir a todos los que querías y has conocido el mal en estado puro; es normal que se te vaya un poco la cabeza y que solo te preocupes por salvar tu culo y llevarlo a descansar a una tumbona en las playas soleadas de Jacksonville. 

Si Ash ha sido todo lo que soñábamos que fuese, Ruby ha sido una más que agradable sorpresa. Siempre está bien ver a nuestra Xena, a nuestra cylon 3, a nuestra Lucretia, a nuestra Lucy Lawless en pantalla; y digo nuestra porque esta mujer es patrimonio de la humanidad. Su papel  da un interesante giro en el último capítulo de la temporada. Ruby es quien escribió el maldito Necronomicrón, es la culpable del destino maldito de Ash. 

Sin embargo, es ella quien le da una vía de escape a nuestro héroe, una alternativa que Ash no duda en aceptar. Ni Pablo ni Kelly tienen voto en esta decisión. El Jefe quiere una vida normal, tranquilidad lejos de la lluvia de sangre y, sobre todo, salvar las vidas de sus dos compañeros de viaje. Puede que Pablo y Kelly hayan madurado lo suficiente como para enfrentarse a la horda de deadites pero el líder antepone sus deseos a los de sus sidekicks y firma un pacto con el demonio. Este giro de los acontecimientos es lógico si tenemos en cuenta que el mayor esfuerzo argumental de la temporada ha sido convertir a nuestro lobo solitario en un padrazo protector que se preocupa por el bienestar de Pablo y Kelly, dos personajes que en el tramo final han logrado despertar mi simpatía en su lucha contra los deadites. Ash toma la decisión equivocada por los motivos correctos. Su recién estrenado paternalismo comprometerá el equilibrio en el mundo dando pie a la muy deseada segunda temporada. 

Ash vs Evil Dead es lo que prometía ser y por eso me encanta porque no aspira a nada más que a pintar con sangre las paredes, a dejar vísceras por el suelo, a soltar chistes malos, a asustarnos, a divertirnos y a dejarnos disfrutar con la presencia, siempre imponente, siempre necesaria, de Bruce Campbell. Solo resta decir que ha sido una de las mejores series de 2015.

miércoles, 6 de enero de 2016

La desmemoria criminal

Entre octubre y noviembre de 2015, la cadena británica ITV emitió los seis capítulos que componen la primera temporada, se ha confirmado una segunda, de Unforgotten, drama policial protagonizado por Nicola Walker (pedazo de actriz) y que se centra en la investigación de un asesinato ocurrido hace más de tres décadas. 

La historia se inicia con el descubrimiento de un cadáver en el sótano de una casa londinense. La policía investiga los restos y, al poco, descubren que pertenecían a Jimmy Sullivan, un adolescente desaparecido en 1976. La investigadora Cassie Stuart (Nicola Walker), empeñada en llevar al asesino o asesinos, ante la justicia, pondrá a trabajar a todo su departamento en el caso aunque sabe que la investigación es un reto enorme para su grupo; han pasado muchos años desde el asesinato y hay pocas pistas. El desarrollo del caso acabará afectando a cuatro personas que, aunque en principio parecen no tener nada en común, estuvieron presentes en los últimos días de vida de Jimmy. La investigación trastocará sus acomodadas vidas y removerá fantasmas del pasado, sacando a flote miserias y mentiras que llevan una vida enterradas en un sótano. 

En conjunto recomiendo Unforgotten pero hay algunos puntos negativos que le restan credibilidad y fuerza a la primera temporada. Por ejemplo, entiendo qué impulsa a Cassie a investigar el caso pero muy pocos departamentos de policía se obcecarían en la resolución de un caso de hace más treinta años por lo complejo que sería y la gran cantidad de recursos que consumiría. Está bien, para Unforgotten, que la brújula moral de Cassie se oriente hacia la resolución del asesinato. Ella cree que la familia merece un cierre y una explicación pero para eso el espectador tiene que 'tragar' con una decisión de mando un tanto inverosímil. Esto no es Cold Case y en ningún momento se dice que la brigada de Cassie se dedique o especialice en ese tipo de investigaciones. Aún así, una vez vencida mi reticencia inicial me dejé llevar por la trama y me sumergí en Unforgotten con gusto. 

La investigación avanza lentamente y cada nuevo sospechoso parece un culpable plausible. Todos parecían tener un motivo para matar al joven Jimmy y todos, sin excepción, actúan de manera sospechosa al tratar con la policía. Los sospechosos son humanos imperfectos, personas que cometieron errores -algunos más terribles que otros-, que se encuentran con que el pasado llama a su puerta en forma de inspectores de policía. 

Lo más interesante de Unforgotten, a parte de ver a Nicola Walker en acción, es comprobar como el pasado dinamita el presente de los sospechosos. Por mucho que uno corra, por mucho que uno intente cambiar, los recuerdos siempre están ahí. En este sentido, la señora Slater es, todo hay que decirlo, un personaje bastante trágico pues, al padecer Alzheimer, no sabe si sus recuerdos son realmente suyos o si lo que cree que pasó realmente pasó. No hay peor destino que perderse a uno mismo, que olvidarse de uno mismo. 

Otro de los fallos de Unforgotten, tal vez el peor, es que la resolución del crimen no está a la altura del desarrollo de la investigación. Después de mantener la tensión y el suspenso in crescendo durante cinco capítulos, el guión opta por sacarse de la manga un conejo blanco. Ese final no hace justicia a una serie que, hasta ese momento, se había caracterizado por la solidez argumental y el análisis, casi quirúrgico, de las pulsiones humanas. Se resuelve. de aquella manera, el asesinato de Jimmy pero siguen planteándose incógnitas. Además, aunque los cuatro sospechosos acaban pagando por sus pecados algunos reciben un trato demasiado suave. El cura, por ejemplo, debería tener un final mucho más duro, acorde con los delitos cometidos. 

Unforgotten es un buen drama con un cierre insatisfactorio, el espectador tendrá la sensación de que los últimos minutos son una broma de mal gusto y eso es algo difícil de perdonar. La serie quiere seguir la estela de Happy Valley, River o Scott and Bailey, dramas que tienen como eje central la resolución de un crimen por parte de un grupo de investigadores de lo más interesantes. Por desgracia, Unforgotten no alcanza el equilibrio ni la brillantez de esos títulos aunque no deja de ser una buena opción para esos fines de semana en los que no sabemos que ver. Espero que, de cara a su segunda temporada, tenga tiempo de corregir los pequeños fallos que la convierten en una serie notable pero no sobresaliente. 

domingo, 3 de enero de 2016

Jonathan Strange & Mr Norrell, magia británica

Me ha llevado más tiempo del previsto terminar la miniserie inglesa que adapta la obra Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke, uno de esos inesperados éxitos editoriales que se hizo con varios premios hace unos años, entre ellos el Hugo a la mejor novela fantástica en 2005. No he leído la novela así que no puedo decir si la historia planteada por Clarke tenía difícil traslación a la pequeña pantalla aunque son muchas las voces que tildaban la obra como 'inadaptable' debido a la densidad y amplitud del texto. A pesar de ello, la miniserie de siete capítulos que la BBC presentó a mediados del pasado año es una maravilla que recomiendo a todo el mundo y que, salvo por dos o tres pequeños detalles, puede decirse que roza la perfección. 

Reconozco que el primer capítulo no llegó a captar del todo mi interés y que por eso dejé la serie aparcada durante meses. Cuando decidí retomarla ya no pude parar, la primera impresión, en este caso, no es la que cuenta. Los siguientes capítulos fueron devorados en cuestión de horas y aunque el final es un tanto anticlimático, los siete capítulos de Jonathan Strange y el señor Norrell son magia con factura inglesa.  

La historia se desarrolla en Inglaterra durante las guerras Napoleónicas, principios del siglo XIX, y se centra en la amistad/rivalidad que se establece entre el señor Norrell (Eddie Marsan) y Jonathan Strange (Bertie Carvel). Norrell es un mago amante de los libros, hermético e inseguro, al que siempre acompaña su sirviente, John Childermass (Enzo Cilenti), uno de los secundarios más jugosos de la trama. Strange, por su parte, empieza a estudiar magia con Norrell porque un mago callejero llamado Vinculus le dice que está destinado a ser un gran mago y a restaurar la magia inglesa. 

En el mundo imaginado por Clarke, la magia forma parte de la realidad aunque en Inglaterra lleva desaparecida más de 300 años. El último gran mago, el Rey Cuervo, parece que se llevó toda la magia con él, al marcharse. Existen sociedades de magos que no son más que reuniones de hombres pudientes sin poder alguno que se dedican a  argumentar sobre magia y recopilar antiguos libros, la única fuente de conocimiento mágico que resta en el país. Durante tres siglos no ha habido ningún mago en Inglaterra pero un día Norrell decide trasladarse a Londres con el firme propósito de restaurar la magia inglesa y hacer de ella algo respetable. Con el tiempo, Strange se le une como discípulo pero su complicada relación y sus diferentes maneras de entender la magia acabará generando más mal que bien. 

Aunque la magia está presente en la historia y los efectos especiales de la serie son espectaculares – eses caballos de arena corriendo por la playa, esa mano de barro aplastando a un soldado francés- lo más interesante de estos siete capítulos es la relación entre Norrell y Strange, personajes que cobran vida gracias a las interpretaciones de Marsan y Carvel. 

Marsan tiene la difícil tarea de ponerse en la piel del señor Norrell, un personaje que no despierta el afecto del espectador debido a la mezquindad de sus acciones, a su inseguridad patológica, su tendencia a la mentira y su ceguera ante lo evidente. Este erudito, vanidoso y autocomplaciente mago, es incapaz de relacionarse con normalidad y tiene el mal hábito de confiar en aquellos que buscan sacar provecho de su fama. Su negativa a responsabilizarse de sus acciones, su miedo al fracaso y su envidia, tienen como consecuencia el dolor y sufrimiento de la joven Lady Pole; de Stephen, el fiel mayordomo; y del matrimonio Strange. Norrell es un reto para cualquier actor porque estamos ante un villano que realmente no lo es y una persona que, creyendo hacer lo correcto, provoca sufrimiento a los demás. 

Carvel, que en el musical de Matilda interpretaba a la malvada señorita Trunchbull, tiene entre manos un personaje mucho más accesible que el de Marsan. Strange es un hombre dinámico, con menos defectos –o al menos no tan evidentes– que Norrell. Aunque comienza como aprendiz de este, pronto se da cuenta de que sus enseñanzas no son suficientes y quiere aprender y hacer magia con más libertad. Sin embargo, su paso por el frente de batalla hacen que su perspectiva de la vida y la magia cambien. Su destino y el de su mujer, Arabella, quedan sellados por culpa de las mentiras de Norrell quien no le llega a advertir del peligro de las hadas y concretamente del Caballero (Marc Warren). 

El resto del reparto está a la altura de los dos protagonistas. Hay que destacar la presencia de Marc Warren como la maléfica hada que es convocada en el primer capítulo y que propicia la desgracia del matrimonio Strange. También hay que mencionar la notable aportación de Alice Englert como Lady Pole, una joven que queda bajo el encantamiento del Caballero y que pasa la mitad de su vida bailando en Lost-Hope. Su lucha por hacerse entender, la desesperación, la soledad y la ira que carga el personaje hacen vibrar a Englert a través de la pantalla. Su trama, secundaria pero vital para el conjunto de la historia, es un regalo para la actriz que no desaprovecha la ocasión para robar protagonismo a los dos magos de Clarke. 

El nivel de producción de esta miniserie británica es excepcional y destaco especialmente las labores de maquillaje, el Caballero es un claro ejemplo, y un vestuario espectacular. Los británicos cuando se ponen a hacer series de época hacen recreaciones impresionantes. La representación visual de la magia, del mundo de las hadas (Lost-Hope) o de los diferentes encantamientos que Strange realiza durante la guerra es sobresaliente, creando una atmósfera que remite al asombro, la fascinación, la desconfianza y el terror que la magia puede infundir en los hombres. 

Una miniserie que aunque con un arranque titubeante puede disfrutarse en un fin de semana porque una vez rota la frialdad inicial en imposible no dejarse seducir por la magia visual y la historia. 

viernes, 1 de enero de 2016

River, el noir nórdico encuentra al procedimental inglés

Abi Morgan, otra de esas guionistas inglesas muy a tener en cuenta, suyo era el guión de The Iron Lady y la, por desgracia poco valorada, The Hour, nos trajo un regalo para despedir 2015, una drama policíaco protagonizado por Stellan Skarsgård titulado River, un producto televisivo que nada entre el procedimental británico y el noir nórdico de los últimos años. Podría decirse que es una fusión de Scott and Bailey y Wallander, y no andaríamos muy desencaminados. Morgan hila con tino una compleja, rica y emotiva historia de amor y amistad enmarcada dentro de los géneros más explotados de la pequeña pantalla: el drama policial. La guionista habla del crimen y la naturaleza del mismo mientras analiza la soledad en la sociedad moderna, los efectos de la depresión, los lazos que unen a las personas y la necesidad que todos tenemos de conectar y que nos quieran por aquello que somos y no por aquello que proyectamos ser. 

La historia sigue los pasos de John River, un detective londinense con problemas mentales que, tras ver morir a su compañera, empieza comportarse de manera más excéntrica de lo habitual lo que pone en apuros su puesto de trabajo y su futuro en el cuerpo. John está empeñado en resolver el asesinato de Stevie, su compañera, cuyo fantasma -aunque él lo llama manifestación- le acompaña a todas partes. Stevie, personaje luminoso a pesar de su trágico final, no es la única manifestación – o fantasma- que acecha a River. Varias víctimas le visitan a lo largo de los seis capítulos de la primera temporada, como el joven traficante que muere en los primeros compases del primer episodio o el obrero que deja atrás mujer e hija. Sin embargo, el más peligroso de todos ellos es Thomas Neill Cream, interpretado por un Eddie Marsan muy alejado del señor Norrell con el que le descubrí hace poco. Esta manifestación empuja a River hacia lugares muy oscuros, burlándose de sus intentos por aparentar normalidad y equilibrio. 

La serie no sería lo que es sin el buen trabajo de Skarsgard ante las cámaras, el sueco se desenvuelve a sus anchas entre las hechuras de un personaje complejo, melancónico, solitario y dolorosamente humano. El actor carga con facilidad con todo el peso de River, casi no hay espacio para nadie más, y sólo Stevie es capaz de robarle algo de protagonismo al gigante sueco. Skarsgard dota de genuina tristeza y humanidad a un personaje que fácilmente, en manos de actores menos hábiles y/o experimentados, acabaría convertido en un pastiche de tics y miradas al infinito. John River se encuentra siempre al borde del colapso mental, siempre al límite de la razón; un hombre culto, inteligente y muy bueno en su trabajo, conocedor de sus limitaciones y de su enfermedad que, al perder a la persona que iluminaba su mundo, está constantemente en la cuerda floja. El tour de force emocional de Skarsgard con este viejo detective merece un reconocimiento, pocos actores son capaces de pasar de la ira a la tristeza con un gesto, con un murmullo. 

Frente a él tenemos a Nicola Walker, una actriz a descubrir, que interpreta a la desaparecida Stevie, una jovial y alegre manifestación de los recuerdos que River guarda de su compañera. Desde el primer capítulo sabemos que Stevie solo está dentro de su cabeza y que su carácter y reacciones son aquellas que él orquesta. Sin embargo, Stevie consigue brillar y destacar como personaje porque es dulce pero también dura, porque es inteligente pero alocada, porque se preocupa por su compañero y por los suyos. Puede que lo que vemos no sean más que recuerdos, los buenos, los mejores, pero esa visión te ayuda a entender por qué él la quería tanto y por qué le cuesta tanto dejarla marchar. 

Los seis capítulos de la primera temporada de River forman un todo cerrado, el misterio del asesinato se resuelve y no hay flecos sueltos. Digo esto porque creo que la serie no necesita una segunda temporada, ya han contado todo lo que tenían que contar sobre John River y Stevie; reconozco que no me importaría volver a ver a Stellan en la piel de este personaje pero cuando una historia cierra de manera acertada su ciclo vital no es necesario alargarla. Sería terrible que River acabara convirtiéndose en un cliché.

No quiero acabar esta reseña sin decir que River tiene una de las mejores introducciones de personajes que he visto en mucho tiempo. Cuando nos encontramos a John y Stevie, van patrullando la ciudad, mientras él conduce, ella canta el I Love To Love de Tina Charles, e inmediatamente notas la química entre ellos y quedas prendada de los grandes ojos azules de Walker. Y también tiene una de las escenas, casi al final, más emotivas del año, una de mis favoritas del pasado 2015: Stellan Skarsgard bailando la susodicha canción en la calle. Es imposible no sentir todo el amor y la alegría que transmite el personaje, y a la vez es imposible no sentir una infinita tristeza por ese pobre loco que baila solo en la calle. 

martes, 8 de diciembre de 2015

Agents of Shield se marca un Jenny Calendar

CUIDADO SPOILERS DEL 3X09 DE AGENTS OF SHIELD

Lo que está pasando en la tercera temporada de Agents of Shield me tiene muy loca porque me dan una de cal y otra de arena. La serie ha alcanzado el punto de equilibrio y madurez necesarios para convertirse, por méritos propios, en uno de los mejores entretenimientos televisivos del momento pero aún tiene fallos que conviene solucionar. 

Si hace poco los guionistas nos ofrecieron un capítulo para el recuerdo (4722 hours), ahora nos hacen sufrir con Closure. El inicio del capítulo te descoloca, una cena íntima entre Coulson y Rosalind acaba en tragedia. Los primeros minutos del episodio están repletos de acción y drama. La muerte de Rosalind y el ataque a Coulson por parte de los hombres de Ward no dan tregua al espectador, hacía tiempo que no veíamos al director de SHIELD pelear de esa forma y, aunque sale airoso del enfrentamiento, emocionalmente la experiencia le destroza. 

Un Coulson herido es un Coulson decidido. La muerte de Rosalind empuja al director hacia un territorio peligroso: la venganza a cualquier precio. Su meta acabar con Ward cueste lo que cueste y en su ceguera no duda en interrogar a todo su equipo o en secuestrar a la única persona que tiene importancia para Ward. 

¿El problema del capítulo? Empiezo por el error que supone para la serie desprenderse de un personaje tan bien construido como el de Rosalind Price. Es una lástima que Constance Zimmer (que año está teniendo esta mujer) no vaya a seguir jugando a los espías con Phil porque había mucha química entre ambos y esa relación ayudaba a humanizar y profundizar en el personaje de Coulson. Además, Zimmer estaba sensacional siendo su incorporación a la serie uno de los aspectos más positivos de esta nueva temporada. Su muerte, usada para espolear la evolución del personaje masculino (lo de siempre) y para catalogar a Ward -definitivamente- como el malo sin posibilidad de redención, es un movimiento tan típico que se lo podrían haber ahorrado. 

Los Whedon tiene predilección por las muertes dolorosas e inesperadas (Joyce y Anya, por ejemplo), no es que sea algo malo, una buena muerte a tiempo puede hacer mucho por una serie; el problema, en este caso, es que están usando un patrón de sobra conocido: el de la señorita Calendar. Me explico. Desde el final de la primera temporada, Agents of Shield ha explorado la oscuridad que hay en Ward, un personaje que, hoy por hoy, es el principal antagonista del equipo de Coulson, aunque en sus inicios estaba de su lado. Esta situación es análoga a la de Angelus y la scooby gang durante la segunda temporada de Buffy The Vampire Slayer. El asesinato de Rosalind intenta ser tan potente, narrativa y emocionalmente hablando, como el de Jenny Calendar en Passion (2x17). Ward acaba con Rosalind para dañar a Coulson de la misma manera que Angelus mata a Jenny para herir a Giles. Sin embargo, el efecto en Agents of Shield no es tan devastador como el que vimos en Buffy The Vampire Slayer. La muerte de Jenny Calendar fue tremenda afectando a todos y cada uno de los miembros de la scooby gang; en Agents of Shield el único perjudicado es Coulson y Brett Dalton, aunque lo intenta, no llega a ser un malo realmente convincente. 

Creo que desprenderse de Rosalind ha sido un error, cierto que la serie sigue teniendo un plantel de personajes femeninos de interés pero ella jugaba en otra liga, era más adulta, sofisticada, misteriosa e inteligente que el resto de mujeres que pululan por Agents of Shield

¿Qué os ha parecido a vosotros la muerte de Rosalind? 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cisco Ramon, el mayor beneficiado del crossover

La cadena CW tiene que estar muy contenta con los resultados de sus series basadas en superhéroes, tanto The Flash como Arrow funcionan y es muy probable que la tercera pata de esta mesa, Legends of Tomorrow, también lo haga. Ambas series tienen éxito individualmente pero cuando sus tramas se cruzan (los crossovers) los resultados son bastante notables. El último crossover, que sirvió para introducir a dos héroes de Legends of Tomorrow (Hawkgirl y Hawkman) marcó el máximo de lo que llevamos de temporada en audiencias para las dos series. Arrow creció hasta los 3,66 millones de espectadores y marcó un 1,4 en las demos, mientras que The Flash sumó 3,94 millones de espectadores y logró un 1,4. 

Lo cierto es que las idas y venidas de personajes entre Star City y Central City son muy entretenidas de ver. La luminosidad y buenrollismo general de los componentes del team Barry le sientan muy bien al juego de sombras tenebrosas que impregnan la realidad y personalidad de Oliver Queen. 

En general, el esperadísimo crossover ha sido un entretenimiento en dos partes bastante correcto: mucha acción, buen desarrollo de personajes (Kendra, Cisco, Oliver), una buena plataforma para lanzar Legends of Tomorrow y dos héroes, Barry y Oliver, muy cómodos entre las ajustadas costuras de sus trajes y cuya amistad y confianza sale reforzada de su enfrentamiento con Savage. 

Los mayores perjudicados en este tipo de capítulos suelen ser los secundarios; el team Oliver, con excepción de Felicity, poco o nada aportaron a la historia. Por otro lado, Caitlin y Harrison Wells estuvieron encerrados en el laboratorio con una trama insulsa y poco jugosa. Solo Cisco Ramon/Vibe ha salido reforzado de esta fusión de tonalidad verde escarlata. Personaje entrañable y ligero, Cisco cuenta con la simpatía del público. Hace poco descubrió sus poderes y ahora ya carga con una historia de amor trágico a sus espaldas. Su evolución es una de las mejor tratadas de la serie; además, el joven funciona bien en cualquier tipo de escena y con cualquier compañero. No podemos decir lo mismo de Caitlin o Diggle. 

Segundo crossover finalizado (para leer sobre el primero pincha aquí). Dos episodios repletos de emoción, acción y puntos cómicos. La mitología de ambas series crece y se va estructurando, así, un universo DC televisivo de lo más rico y auténtico que sufrirá una gran expansión cuando en enero de 2016 se estrene Legends of Tomorrow. Hasta entonces, el velocista escarlata y el arquero esmeralda seguirán protegiendo sus respectivas ciudades y, en la distancia, el uno al otro. 

¿Y ahora?

Una vez finalizado el evento espero, por su bien, que The Flash deje de ser un vehículo para la presentación del nuevo spin off y que la serie recupere el brío de la primera temporada centrándose en la lucha de Barry contra Zoom y en la expansión de la mitología de la fuerza de la velocidad. Además, sería bueno que se hablase y se viese más de esa Tierra 2 de la que proviene el nuevo Harrison Wells. 

Por su parte, Arrow podrá seguir con la lucha del equipo contra Damian Darkh. Oliver, por mucho que haya avanzado y por muy feliz que se sienta, vuelve a los malos hábitos, a los secretos y a las mentiras. Eso nunca trae nada bueno, ¿no has aprendido nada señor Queen?. Ahora que se sabe padre - Barry lo sabe- es inevitable que ese secreto salga a la luz. Es más, es probable que sea Felicity la que averigue la verdad y ese puede ser el punto de ruptura de la feliz pareja. No olvidemos que la cuarta tempora de Arrow empezó con Oliver contemplando una lápida, no sabemos quien está en esa tumba pero una cosa es segura, la cuarta temporada promete drama. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

La emoción y la frialdad

Les Revenants y The Leftovers son dos propuestas que exploran el amplísimo abanico de emociones humanas haciendo especial hincapié en la soledad, la tristeza, el miedo y la incomprensión. La locura o las dobleces de la misma también están muy presentes en ambas series aunque son los americanos los que abrazan esta temática con más fuerza y amplitud de miras. La locura de Serge (Gillaume Gouix) es primaria, brutal y aniquiladora; la de Kevin Garvey (Justin Theroux) compleja, evocadora y amenazadora. Tal vez por lo imprevisible que resulta, por esa Patty vestida de blanco que nunca parece callar, por esas lagunas en la memoria; la locura de Kevin resulta muchísimo más interesante de ver que la de Serge, quien, al fin y al cabo, no es más que un psicópata caníbal con demasiados traumas familiares. 

En ambas series la gente sufre. En The Revenants porque los muertos regresan a su antiguo hogar. Para familiares y amigos afrontar esa nueva realidad, fantasmas del pasado recorriendo el presente, reabre heridas que nunca cerraron del todo. En The Leftovers, la desaparición del 2% de la población mundial, produce un desgarro en el tejido de la realidad misma. Los que se quedaron atrás afrontan lo inexplicable y la pérdida de sus seres queridos lo mejor que pueden. Cada individuo tienen un modo - peor o mejor - de asimilar lo ocurrido pero nadie es inmune a los efectos de la desaparición repentina de 140 millones de personas. 

El tratamiento de la tragedia de Les Revenants es más sereno, introspectivo y natural que los arrebatos pasionales y mesiánicos de Damon Lindelof y Tom Perrotta. No digo que una serie sea mejor que la otra, digo que ambas hablan de temas muy similares con una narrativa y un tempo dramático muy definido y personal. Me cuesta imaginar al policía enajenado de Theroux recorriendo la ciudad inundada en busca de miembros del Remanente pero a Julia, por otra parte, la encajo con facilidad en Mapleton siendo acechada por los silenciosos fumadores. 

Como afrontar lo inexplicable? Desde la contemplación y la distancia fría de Les Revenants o desde la locura y el sentimentalismo - sin menospreciar la palabra- de The Leftovers? Ambos puntos de vista son igual de válidos y aceptables pero el distanciamiento emocional de la propuesta francesa me deja fría por mucho que me interese la historia. La obra me atrapa pero el sufrimiento de sus personajes me es totalmente indiferente. En el otro extremo se encuentra The Leftovers, una serie que noquea al espectador. Semana tras semana sufro con las historias de los dejados atrás como nunca he sufrido antes con una serie. 

Lo tengo bastante claro, entre los que vuelven y los que se fueron, me decanto por la segunda opción ya que el mapeo emocional que llevan a cabo, tan detallado como devastador, es puro sentimiento, pura soledad, pura tristeza. Sólo los 30 minutos finales de Six Feet Under han logrado emocionarme tanto como un solo capítulo de The Leftovers. Puede parecer exagerado pero, para mí, esta canción de Lo-Fang está al mismo nivel que el Breath Me de Sia

Julie, haz las maletas, tu sitio está en Mapleton o Jarden. 

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