Las pesadillas no tienen final

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You know what I was thinking? I was thinking, how many of you people am I going to have to kill to save your lives?

SPOILERS SOBRE LA QUINTA TEMPORADA

Los últimos capítulos de la quinta temporada desde 'What Happened and What's Going on' a 'Conquer' han llevado al grupo de Rick desde la desolación más absoluta (el enfrentamiento en Terminus, la muerte de Beth) hasta un supuesto paraíso terrenal llamado Alexandria. Tras cinco temporadas viendo a nuestro héroes dando tumbos por el sur de Estados Unidos se encuentran con una zona segura en su camino hacia Washington D.C. El grupo ha cambiado mucho desde que dejaron la cárcel en 'Too Far Gone' (4x08) y más desde el espectacular rescate orquestrado por Carol en Terminus en el inicio de la quinta temporada. Ya no son los mismos aunque algunos se aferran a su humanidad para sobrellevar las heridas que deja el sobrevivir en un mundo donde lo más peligroso que te puedes encontrar no es una horda de zombies. 

El segundo tramo de la quinta temporada se articula en torno a una pregunta: ¿Qué estás dispuesto a hacer para sobrevivir? En el pasado, el padre Gabriel dejó a su congregación morir; Eugene elaboró una mentira plausible para asegurarse la protección de Abraham; Rick destrozó a dentelladas la garganta de un mal hombre; Carol mató a dos personas infectadas y las quemó... Sobrevivir es importante pero ¿qué precio pagas por ello? ¿Dónde está la humanidad? ¿Dónde está el límite? ¿Hasta cuándo pueden seguir así sin convertirse en gente como la que habitaba Terminus?

Durante el viaje hacia el norte dos cosas se hicieron evidentes; primero que era necesario encontrar un lugar donde establecerse y segundo, que algunos miembros del grupo empezaban a perderse en su locura como Sasha o Gabriel, incluso me preocupó mucho la situación de Maggie tras conocer el destino final de su hermana. Sin embargo, tras la tormenta -real y metafórica- llegó a calma en forma de Aaron, el pasaporte de entrada en Alexandria. 

Parece que todas las dudas del grupo, que todas sus acciones y sueños les encaminaron hacia Alexandria y es allí donde vemos a “nuestros héroes” actuar como villanos. ¿Por qué? Porque aunque algunos parecen decididos a aclimatarse, otros (Rick, Carol) continúan pensando en sobrevivir a cualquier precio. La idílica ciudad amurallada es un caramelo demasiado dulce para algunos de nuestros viejos conocidos y tanta civilización se les atraganta. Tanto tiempo en la carretera les ha convertido en seres peligrosos, más de lo que aparentan. Puede que el padre Gabriel tenga razón al afirmar que el grupo de Rick no se merece el paraíso que representa Alexandría pero si ellos no se lo merecen, nadie lo hace. Curiosamente, Alexandria sirve para ver más claramente las fracturas en el grupo y la crisis de liderazgo de Rick. Algunos no piensan en tomar la ciudad (Maggie, Glenn, Michonne) y su posición y manera de encarar los peligros es diametralmente opuesta a la que toma Rick. La lucha que Gleen mantiene con Nicholas en 'Conquer' nos demuestra que dentro del joven aún hay humanidad, esperanza y que él, como Morgan (futuro residente de Alexandria) cree que "all life is precious". Por su parte, Maggie es capaz de encontrar la fuerza necesaria en su interior como para perdonar al padre Gabriel por su traición y, de paso, salvar a Sasha de cometer un asesinato. 

Alexandria corre peligro por el mero hecho de existir. Cualquier grupo de los vistos hasta ahora (el Gobernador, la gente de Terminus) habría intentado tomar la ciudad. Rick tiene claro que quiere la ciudad pero también tiene claro que la gente que vive en ella puede ser un obstáculo para su seguridad. La suerte se acaba y como bien explica Abraham Ford: "There is a vast ocean of shit out there you people don't know shit about. Rick knows every fine grain of said shit. And then some." La gente de Alexandria no ha sufrido ni luchado, no han pasado hambre ni frío, no saben lo que es ver a un amigo ser despedazado por los zombies, no han corrido para salvar sus vidas, no han tenido que ejecutar a nadie, no saben que el mundo ahora pertenece a los zombies. Carol tiene claro que "these people are children". Resulta paradójico que los ciudadanos de Alexandria tengan que ser salvados de si mismos porque su incapacidad para defenderse es su mayor debilidad.

Rick puede que tenga razón al decir que la suerte ha sido lo único que ha mantenido a salvo a Alexandria hasta el momento. Sabe que vendrán los lobos aunque aún no sabe que se dedican a marcar a los zombies con W. Los zombies son relativamente fáciles de tratar, el problema son los seres humanos. No obstante, aunque su obsesión es defender Alexandria, sus maneras son demasiado expeditivas. ¿Es Rick un futuro Gobernador, un futuro Gareth? Puede que no pero la frontera cada vez parece estar más cerca y hay momentos -la masacre en la iglesia del padre Gabriel, la muerte del marido maltratador- en los que la frialdad de Rick asusta. ¿Será Morgan quien le recuerde el hombre que fue? ¿Encontrará la forma de equilibrar su lobo interior con la apacible cotidianeidad de Alexandria? 

Antes de morir Bob le dijo a Rick que este no era el mundo real: "This is a nightmare. And nightmares end." Por mucho que quiera creer en esas palabras la verdad es que Bob se equivocaba, el mundo real está plagado de zombies, de lobos. Entonces, ¿qué es Alexandria? Un espejismo de un mundo que no volverá. La pesadilla alcanzará la ciudad amurallada más pronto que tarde. Hay que estar preparados.



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Las vacaciones de verano de Mabel y Dipper

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En los últimos meses, la ficción animada me ha deparado gratas sorpresas. Tras zambullirme de lleno en el universo de Avatar con Korra y Ang necesitaba un revulsivo para animarme tras finalizar ambas series en menos de un mes. Aposté por Gravity Falls. Si no conocéis a Dipper y Mabel Pines dejad de leer y corred a descargar la primera temporada de esta maravilla. 

La historia se centra en los gemelos Dipper y Mabel Pines, quienes son enviados por sus padres a pasar el verano con su tío Stan en Gravity Falls, un pueblecito de Oregón. El tío Stan (personajazo) es un caradura algo salvaje que regenta La Cabaña del Misterio, un tienda donde engaña a incautos turistas. En la tienda trabajan Soos y Wendy, dos secundarios que aportan mucho a la historia y que entablan buenas relaciones con Dipper y Mabel. Los hermanos Pines pronto descubrirán que tras la apacible fachada del lugar se esconde una realidad repleta de seres sobrenaturales y sucesos inexplicables. En Gravity Falls hay un poco de todo: gnomos, dinosaurios, monstruos, zombies, fantasmas, demonios y Bill

Dipper, más racional y comedido que su hermana, encuentra un diario donde se recogen los maravillosos horrores del lugar. Un diario que les ayudará a enfrentarse a las más variadas criaturas. Sin embargo, la identidad del autor de los diarios (pronto descubrimos que hay más de uno) no se revela hasta el undécimo capítulo de la segunda temporada (Not What He Seems), emitido el pasado 9 de marzo. Un capítulo que he visto ya dos veces -no descarto verlo una tercera- y que es un claro ejemplo de la grandeza que esconde una serie que muchos catalogan como “infantil”. 

Alex Hirsch ha creado un producto para niños y adultos con la suficiente calidad como para entretener a ambos grupo de edad y que juega muy bien sus bazas; la nostalgia, lo retorcido, lo sorprendente, lo extraño, lo entrañable. Al encanto del dibujo hay que añadir una mitología rica que crece y se complica ante nuestros ojos capítulo a capítulo. La acción que despliegan los episodios de Gravity Falls es inteligente y está bien armada y dibujada. Por poner un ejemplo, la huida de Stan en el mencionado Not What He Seems o la pelea de Dipper contra Gideon en el episodio Gideon Rises; contienen escenas de acción de gran calidad que nada tienen que envidiar a otros productos televisivos en emisión.

Las tramas de Gravity Falls, gran parte de ellas relacionadas con los misterios del pueblo y el diario, han dado para mucho en la red. Hay foros, blogs y videoblogs que diseccionan los capítulos en busca de pistas sobre el diario y los secretos del tío Stan. El nivel de atención que Gravity Falls acapara, sin llegar a los extremos de Lost, me recuerda un poco a la locura conspiranoica de la isla, a las teorías de X-Files e incluso al fervor detallista de algunos seguidores de Twin Peaks. Puede parecer algo exagerado pero no por ello deja de ser menos cierto. 

Hay que destacar, gran parte del éxito de la serie depende de ello, el trabajo de los actores y actrices de doblaje. Especial mención merece Kristen Schaal (actualmente en The Last Man on Earth) por su Mabel Pines. Sin duda, Schaal ha sabido hacer de Mabel el personaje más fantástico y singular de Gravity Falls. Su voz se adapta perfectamente a un personaje alocado, sensible y amante de los desafíos, capaz de ver el lado positivo de cualquier persona y/o situación. A Schall hay que añadir al propio creador de la serie, Alex Hirsch quien pone voz a Soos y Stan. Jason Ritter, hijísimo de John Ritter, se encarga de prestar su voz a Dipper. Linda Cardellini es la voz de Wendy. De vez en cuando, Nick Offerman (Parks and Recreation) aparece como un agente del gobierno (me reí mucho con ese detalle)

El éxito de Gravity Falls no es un golpe de suerte. La serie se asienta sobre una excelente base: buenos dibujos, estupendos diálogos, personajes entrañables, humor y misterio. Además, siempre hay un leve matiz de peligro e inseguridad entorno a las aventuras de los hermanos Pines. Un matiz que inyecta adrenalina en el espectador y que dota al conjunto de un tono adulto que ya quisieran otras series. 

Reconozco mi debilidad por Gravity Falls porque, como serie y producto de entretenimiento, me ha proporcionado todo lo que necesitaba. Con Gravity Falls me siento como en casa, me divierto, me emociono. Hay momentos realmente conmovedores y otros surrealistas. Hay amor por la familia y secretos. Hay ternura y aventura. Hay fuegos artificiales y peleas con globos de agua y un sireno llamado Sirenardo. Y por si fuera poco, Mabel es la orgullosa propietaria de una de las mejores mascotas televisivas de la historia: Waddles, un adorable cerdito que da mucho juego. En resumen, Gravity Falls es una de las series más inteligentes y divertidas de los últimos años. Dejad los prejuicios atrás porque merece la pena darse una vuelta por Oregon y conocer a los Pines.

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Bosch, la otra gran serie de Amazon

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Poco se ha hablado de Bosch, una de las series lanzadas por Amazon este año, y es una lástima porque estamos ante un producto de buena factura, con excelentes interpretaciones, una trama sólida y una puesta en escena impecable. El silencio alrededor de Bosch creo que se debe a dos factores: fue estrenada después de Transparent, serie que atrajo la atención tanto de la crítica como del público; y no supone una revolución, su corte es demasiado clásico. 

Transparent es la serie con más visibilidad de Amazon, esa condición de diamante en bruto hace que pocos se percaten de la existencia de Bosch, un drama noir ambientado en Los Ángeles que sin ser brillante, convence. Darabont debería ver todos sus capítulos para entender qué falló en su Mob City.

En su momento, cuando Amazon lanzó su tanda de pilotos, Bosch fue uno de los que más me gustó y aquella primera impresión fue acertada. Tras devorar los 10 episodios que conforman su primera temporada tengo que decir que es una serie de gran cohesión argumental, que crece capítulo a capítulo, y que tiene muy claro cuando debe soltar lastre y cuando debe cerrar tramas.

El taciturno y siempre observador Harry Bosch es un regalo para Titus Welliver, un actor que sabe insuflar credibilidad y fuerza a un personaje que surca los mares de la vida aferrado a su código de honor y a su sentido de la justicia. Harry no es un santo, tampoco es un mal hombre pero está acostumbrado a moverse en la amplia zona gris, algo que acarrea un precio. Welliver, bregado como secundario en series como Lost, The Good Wife o Deadwood, se enfrenta con éxito a su primer -y merecidísimo- protagónico.

Cuando conocemos a Hieronymous 'Harry' Bosch, quintaesencia del detective silencioso y pragmático, comienza a investigar el asesinato de un menor muerto hace más de 20 años. A medida que avanza los capítulos vamos conociendo más cosas sobre su pasado y sobre su manera de afrontar la vida y el trabajo. Harry Bosch, como personaje, no supone ninguna revolución, es un arquetipo visto previamente en cientos de películas y series de televisión. Sin embargo, a pesar de conocer de que pasta está hecho el personaje principal, la serie resulta interesante. Cuando la cámara se centra en Harry puedes sentir toda la furia de las calles de Los Ángeles corriendo por sus venas. Con todo, pocas veces se deja cegar por ella aunque la usa como estímulo para seguir adelante. Bosch es un detective formidable con un sentido muy elevado de la justicia, del trabajo bien hecho y de la ética profesional.

Hay que agradecer la presencia de Welliver en la serie pero él no es el único que aporta consistencia al reparto; ahí tenemos a Jaime Hector, a Lance Reddick, a Mimi Rogers, a Steven Culp o a Sarah Clarke, haciendo lo que mejor saben hacer, dejar su impronta en unos secundarios que tienen momentos para brillar con luz propia aunque la sombra de Welliver es muy larga.

La serie no puede entenderse fuera de otro entorno que no sea Los Ángeles, la ciudad es más que el escenario donde ser desarrolla la historia es también un personaje más. Por eso creo que se tomaron tantas molestias en capturar su esencia, la fotografía de la serie es impecable: los planos desde la casa de Harry, las luminosas barriadas pobres, los almacenes abandonados, los exteriores de la comisaría de policía, las colinas... no hablo de imágenes hermosas pero planas; aquí la ciudad es un ente tridimensional con textura, con historia, con secretos, con lugares que merece la pena visitar y otros que no son más que una traslación del infierno en la tierra.

Bosch tiene un tempo narrativo lento, se toma su tiempo para armar la trama principal y trabaja, poco a poco, las secundarias. Estamos ante una serie que no tiene prisa en explicar al espectador qué está pasando. Primero coloca las piezas sobre el tablero y, luego, con calma empieza a reunir todas las piezas del rompecabezas.

Ahora, voy a tener que darle una oportunidad a los libros de Michael Connelly, creador del personaje. Al no conocer la obra literaria no puedo deciros si esta adaptación televisiva es una digna deudora de la pluma de Connelly. No obstante, si la consideramos como un producto independiente, Bosch es una serie de notable alto. En muchos aspectos, Harry Bosch me recuerda a otro de mis personaje televisivos favoritos: Walt Longmire, el sheriff de Absaroka. Incluso, encuentro similitudes entre Bosh y el Rayland de Justified. Los tres son hijos del negro sobre blanco, personajes cortados por el mismo patrón, con sutiles pero notables diferencias. Una noche deberían salir de copas.

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Larry es mi amigo

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SPOILERS DE PARKS AND RECREATION

Gary "Jerry"/"Larry"/"Terry"/"Garry" Gergich es Pawnee, es lo mejor de este pedacito de cielo situado en Indiana. Jerry es, en definitiva, la representación física de un estado mental, es un “happy place” andante interpretado con enorme acierto por
Jim O'Heir.

El final de Jerry me parece el más inspirado de todos: es alcalde de Pawnee durante 10 mandatos consecutivos. Vive hasta los 100 años y celebra su cumpleaños junto su adorada Gayle, sus hijas, sus nietos y sus bisnietos. Una enorme y feliz familia. Siento cierta envidia hacia Garry Gergich porque fue un hombre feliz y querido, porque logró todas su metas y porque explotó su creatividad a través de diversas vías (música, pintura, arte). 

Durante las siete temporadas de Parks and Recreation vimos como era objeto de burla y escarnio por parte de unos compañeros de trabajo que nunca se molestaron en conocerle realmente y que nunca supieron apreciarlo. A pesar de eso, Jerry era feliz con su puesto en el departamento -donde pasó más de 30 años-, con su compañía y con sus crueles bromas. Tanto es así que aunque se retiró regresó como interno al departamento para ayudar con lo que fuera. 

Lo más importante para Jerry era su familia. Su trabajo le permitía pasar tiempo con ellos. Reconozco que su familia era extrañamente perfecta, irritantemente feliz y eso era algo que dejaba descolocados al resto de personajes y a los espectadores. 

Jerry era una persona dichosa pero esa felicidad no tenía nada que ver con su trabajo, él no tenía la necesidad de realizarse a través de su empleo en el departamento, lo hacía lo mejor posible, le ponía entusiasmo y siempre estaba disponible, pero no era el centro de su vida -para Leslie si-. Jerry mantiene separadas su esfera familiar de su esfera laboral. Aún recuerdo cuando los demás personajes conocen a Gayle o a una de las hijas, la sorpresa fue mayúscula. 

Los guionistas construyeron un personaje que era una caja de sorpresas: notario, pintor, pianista... Lo que destacaron de este hombre de mediana edad del medioeste norteamericano es que no dedicó su ser al trabajo y optó por cultivarse a sí mismo como persona y padre de familia. Es esa sencillez y plenitud vital lo que más me sorprende y agrada del personaje. Algunos pensaréis que Jerry no lo tenía todo, le faltaba el respeto de sus compañeros, pero a él eso no le afectaba porque tenía todo lo que necesitaba para ser feliz. Y, en la última temporada, los guionistas reconocieron la grandeza del personaje a través de una conversación con Donna de lo más enternecedora y otorgándole un final maravilloso. 

Jerry es lo mejor de Pawnee y es un ejemplo de que todos escondemos grandeza, podemos ser pianistas, grandes pintores, podemos ser estupendos padres, tener una familia maravillosa y disfrutar con un bar de temática jurásica. Jerry es leal, sincero, amable y agradecido. Es un gigantesco oso de peluche al que dan ganas de abrazar. Todos deberíamos subirnos a una silla y declarar, como Ben, que:  



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Las mujeres de Sally Wainwright

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En los últimos meses he descubierto a Sally Wainwright, guionista británica ganadora del premio BAFTA y creadora de Last Tango in Halifax y Happy Valley, dos dramas de altos vuelos de la BBC que compagina con los guiones de Scott and Bailey, un procedimental de la ITV que ya va por su cuarta temporada. Wainwright se ha especializado en los dramas modernos y en la creación de personajes femeninos fuertes. 

Esta pelirroja amante de los gatos comenzó escribiendo para la serie de The Archers de Radio 4 y pasó cinco años fraguándose como guionista en Coronation Street donde coincidió con Paul Abbott, Russell T Davies y con su mentor, Kay Mellor. En 2009, ganó el Writer of the Year por Unforgiven. Desde entonces su éxito no ha dejado de aumentar gracias al trío de ases compuesto por Scott and Bailey, Last Tango in Halifax y Happy Valley. La conexión más clara entre sus tres último trabajos es que sus protagonistas son mujeres pero eso no significa que sus series sean consideradas “series para mujeres” sino que son vistas por audiencias de ambos sexos. 

Scott and Bailey data del 2011 y trata sobre dos policías de Manchester con personalidades diferentes pero complementarias. La idea de la serie fue de las actrices Suranne Jones y Sally Lindsay, y para su creación contaron con el apoyo y consejo de la Inspectora Diane Taylor. Wainwright cree que la verosimilitud y los detalles son la base de un buen guión. En esta entrevista con The Independent cuestiona el trabajo de muchas series británicas que basan su investigación en lo que ven en los procedimentales americanos. Esa imagen no es creíble, no es cierta y eso provoca que la serie se distancie de la realidad. En Scott and Bailey, el asesoramiento de la inspectora Diane Taylor fue fundamental para asegurar de que los procedimientos policiales mostrados fuesen correctos.

Para Last Tango in Halifax (2012), Wainwright se basó en la historia de su propia madre, Dorothy. Tras la muerte de su pareja en 2001, Dorothy se mudó a  Oxforshire para vivir con su hija. Allí, vía Friends Reunited, contactó con un viejo amor de juventud, Alec Walker. El éxito de esta tierna historia de amor adulto en el Reino Unido fue arrollador. No solo el guión es magnífico sino que cuenta con un reparto de relumbrón que exprime al máximo las palabras de Wainwright. 

Happy Valley (2014), el éxito más reciente de esta guionista, aglutina todo el buen saber hacer de Wainwright: historias humanas, mujeres fuertes, familias desestructuradas, hombres egoístas e infantiles, delicadeza, sutileza. Para protagonizar esta historia de violencia contó con la actriz Sarah Lancashire, con quien coincidió en Last Tango in Halifax. 

Con más de 25 años de carrera a sus espaldas, Wainwright sabe que, dentro de la industria televisiva británica, es una rareza porque los guionistan tienden a escribir personajes masculinos. Admite sin ambages que encuentra a las mujeres más interesantes sobre todo si son mayores porque cuanto mayor es una persona más historia tiene. Wainwright ha reconocido en numerosas entrevistas que se sorprende de que las mujeres sigan un paso por detrás a la hora de ser representadas en televisión. Cuando le dicen que sus personajes femeninos son fuertes y que eso es lo que la televisión necesita siempre se pregunta por qué es tan raro tener mujeres protagonizando historias y por qué, en general, las relaciones de las mujeres en pantalla tienden a ser negativas. Siempre hay un conflicto y casi siempre está determinado por un personaje masculino. Sin embargo, en las series de Wainwright, las mujeres disfrutan en compañía de otras mujeres. La mayor parte de ellas tiene relaciones buenas con otras mujeres: hablan, se divierten, tienen complicidad, se apoyan. No hay más que ver la dinámica que se establece entre Janet Scott, Rachel Bailey y Gill Murray en Scott and Bailey para admirar la construcción de una relación de amistad y de trabajo entre mujeres en un mundo dominado por los hombres. 

Por desgracia, no solo la televisión está huérfana de mujeres complejas, fuertes e interesantes sino que cuando aparecen este tipo de personajes suelen ser jóvenes. Parece que no hay sitio para las mujeres adultas, profesionales y osadas en la pequeña pantalla. Las obras de Wainwright son un paso más hacia la equidad en la televisión. Y no estoy hablando solo de equidad delante de la cámara sino que también detrás: directoras, guionistas, productoras...

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La comedia que te hace llorar

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Creo que por estos lares la última comedia de Chuck Lorre, Mom, ha pasado bastante desapercibida. Lorre se atreve a crear humor a partir de un tema serio: el alcoholismo. Para ello, cuenta con dos protagonistas femeninas a las que la vida no ha tratado nada bien, Christy (Anna Faris) y su madre, Bonnie (Allison Janney). Christy tiene dos hijos, el pequeño Roscoe y la adolescente Violet; trabaja como camarera en un restaurante y acude regularmente a reuniones de alcohólicos anónimos. Su máxima aspiración es no repetir los errores de Bonnie, a quien culpa de todo lo malo que le ha pasado en la vida. Un inesperado reencuentro en Alcohólicos Anónimos propicia el acercamiento entre madre e hija, tras varios años sin hablarse. 

Tras una primera temporada bastante sorprendente (no esperaba mucho de la serie), Mom encaraba su segundo asalto con ganas, depurando tramas, descartando personajes (púdrete Nathan Corddry) e introduciendo momentos dramáticos en las vidas de Christy y Bonnie. Ya en la primera temporada tuvimos pequeñas dosis de drama como la entrada en prisión del personaje de Octavia Spencer pero ahora, esta supuesta comedia, ha decidido hacernos trizas el alma. Cuando parecía que nuestras protagonistas encaminaban sus vidas hacia la estabilidad y la felicidad, el capítulo Three Smiles and an Unpainted Ceiling dinamita las expectativas de un happy end para todos, especialmente para Bonnie. 

A partir de este punto spoilers

El personaje de Alvin (Kevin Pollack) había iniciado la segunda temporada con la firme intención de recuperar el tiempo perdido. Durante varios capítulos todo fue bien; Bonnie y Alvin actuaban como dos adolescentes enamorados y Christy veía con buenos ojos la influencia de su padre perdido en Violet y Roscoe. Y entonces, un mazazo, Alvin muere de un ataque al corazón. Al final de la primera temporada ya tuvo un infarto, esta vez no logró superarlo. La muerte del personaje fue algo inesperado y traumático para los seguidores de la serie porque hacía buena pareja con Bonnie y porque su relación con Christy empezaba a despegar. Lorre nos la jugó bien. Cierto que la vida da palos, eso lo saben de sobra Christy y Bonnie pero es duro ver a dos personajes tan entrañables sufrir tanto. El futuro parece difícil para estas dos mujeres y solo con el apoyo de las reuniones, de sus amigas y de su familia podrán amanecer otro día sin resaca. 


Lo mejor de esta inesperada despedida ha sido ver a Janney y Faris desplegando todo su potencial dramático. Cierto que la Janney  se merienda a cualquiera que comparta plano con ella, y aún así, Anna Faris consigue transmitir todo el dolor y la incomprensión que una muerte inesperada produce. Desde que empezó la serie, ambas actrices han demostrado un perfecto timing cómico, gran versatibilidad, facilidad para la comedia física y mucha química. Sin embargo, la trama necesita y pide un tratamiento un poco más serio de ciertos temas como la adopción del bebé de Violet o los problemas económicos de Christy. Cuando eso sucede las dos actrices se dejan la piel transmitiendo el dolor y las dudas de sus personajes.

Lorre no tiene miedo de introducir este contexto dramático porque, como todos sabemos, no siempre los planes salen bien, no siempre acabamos con una sonrisa en el rostro. Mom se posiciona un poco a la izquierda del resto de comedias de la factoría Lorre dado que propone un acercamiento más real, serio y dramático a las vidas de dos exalcohólicas que intentan recuperar el rumbo. La yuxtaposición de comedia gruesa y drama puro equilibra el tono de la serie ofreciendo grandes momentos (las bragas de la Janney) y la posibilidad a las actrices de brillar con luz propia. 

El resto de la temporada se presenta movidito y tengo mucha curiosidad por ver cómo lidian las Plunkett con la muerte de Alvin. ¿Chupitos y pastillas? Estaré atenta.

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The Legend of Korra, el mejor final posible

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Hacía tiempo que quería ver The Legend of Korra y empecé la serie en el ecuador de su cuarta y última temporada. Devoré las temporadas a tiempo para disfrutar del final junto a los demás fans. Un viaje trepidante, sorprendente y maravilloso que recomiendo a todo el mundo. Las cuatro temporadas (Aire, Espíritus, Cambio y Balance) conforman un todo de enorme fuerza narrativa que atrapa al espectador gracias a una extensa e intrincada mitología y al desarrollo de un inolvidable grupo de personajes que, en su versión original, son doblados por gente como J.K. Simmons, Kiernan Shipka, James Remar, Anne Heche, Lisa Edelstein o Aubrey Plaza.

The Legend of Korra surgió a raíz del éxito de la anterior serie de Michael Danti Dimartino y Bryan Konietzko, Avatar: La leyenda de Aang. Ambas comparten universo pero mientras que las aventuras de Aang estaban destinadas a un público más infantil, las andanzas de Korra están enfocadas a un público juvenil y/o adulto. En este mundo de aires orientales con toques steampunk existen personas que tienen la capacidad de controlar alguno de los cuatro elementos (agua, tierra, fuego o aire), incluso algunos consiguen controlar el metal y la lava. Sin embargo, en cada generación surge un Avatar, una persona capaz de dominar los cuatro elementos. Korra es el Avatar y su historia transcurre casi 70 años después de los eventos narrados en The Last Airbender.

Cuando conocemos a Korra es una joven inquieta, arrogante, segura de su poder y de su destino como Avatar. Ella pertenece a la Tribu del Agua del Sur y se traslada a Ciudad República para aprender a controlar el aire con el maestro Tenzin (uno de mis personajes favoritos). En cada temporada, el Avatar debe enfrentarse a una amenaza, a un enemigo que busca destruir lo que ella defiende y representa. El peligro del totalitarismo, la tiranía, el radicalismo, el racismo son algunos de los problemas a los que nuestra heroína y sus amigos tendrán que hacer frente.

En la primera temporada su oponente es Amón, líder de los igualitarios, una secta que quiere acabar con las personas que pueden manipular los elementos e instaurar la igualdad. Su lucha tiene sentido pero sus métodos son extremistas y violentos. La lucha de clases, la desigualdad social, el terrorismo y la opresión de los más débiles son los temas claves de la primera temporada. Sorprende encontrar una serie de animación tan ambiciosa, temáticamente hablando, y tan consciente de lo fundamental que es desarrollar a sus personajes porque, temporada a temporada, Korra tendrá que enfrentarse a realidades más complejas que la obligarán a tomar decisiones muy difíciles. Además, siempre habrá individuos que anteponen su ambición al bienestar de los demás. Personas que buscan venganza o sacar beneficio del caos, personas que pueden romper el equilibrio y a las que no les imparta el sufrimiento que eso conlleva.

DiMartino y Konietzko han contado la historia de Korra de manera adecuada. Han desarrollado buenas tramas y buenos personajes, han dado sentido y razón de ser a los villanos, han estimulado la épica y el dramatismo; y, por último, han establecido un viaje de conocimiento y autorealización para su protagonista digno de ser contemplado. El Avatar está destinado a traer el equilibrio y la paz al mundo, Korra recorrerá un largo camino para cumplir su destino. La joven aprenderá a ser más paciente, más humilde, más comprensiva. La veremos sufrir y superarse a si misma. Durante los 52 capítulos aprenderá a escuchar, a enfrentarse a los problemas, a confiar en los demás.

La evolución de esta heroína a es una de las mejores que he visto. Korra es un personaje creíble con sueños y preocupaciones, con virtudes y defectos. Y aunque la Avatar no llegue a conquistar vuestro corazón hay varios personajes que lo harán. Uno de los puntos más positivos de la serie es que Korra no es el único personaje femenino poderoso, la serie está repleta de mujeres fuertes como Lin, Asami, Kuvira. Cuando todo el mundo está alabando a The Good Wife por Alicia o Diane, lo cierto es que deberían estar mirando The Legend of Korra, serie donde las mujeres son el centro de la acción y donde tienen poder. Desde la férrea y disciplinada Lin, pasando por su maternal y creativa hermana hasta la ambiciosa Kuvira o la espiritual Jinora, todas las mujeres que aparecen a lo largo de la serie muestran que juegan al mismo nivel que los personajes masculinos, a veces, incluso, los superan.

Los creadores abrazaron por completo su compromiso con los personajes y por eso el final de The Legend of Korra ha estado acompañado de cierto revuelo mediático. Su decisión de oficializar el Korrasami ha sido muy valiente y webs tan dispares como io9 o Forbes han dedicado entradas a la serie. Un aplauso por ese paso adelante y por la valentía de DiMartino y Konietzko porque pocas ficciones han tratado retratado tan bien el progreso de una relación entre dos mujeres.

Recomiendo el visionado de The legend of Korra y cuando la serie termine, dadle una oportunidad a Avatar: The Last Airbender porque el universo creado por DiMartino y Konietzko es tan rico y variado que merece la pena conocerlo a fondo.

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The John Larroquette Show, una serie olvidada

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A John Larroquette le recuerdo por Night Court, aquella estupenda comedia que la NBC emitió entre 1984 y 1992. Allí interpretaba a Dan Fielding, el díscolo y sexualmente insaciable fiscal, personaje que le proporcionó cuatro Emmys consecutivos y que le hizo popularmente conocido. Larroquette llevaba diez años trabajando en la industria cuando fue seleccionado para el papel que cambió su carrera. Desde entonces ha permanecido en activo apareciendo tanto en películas (JFK) como en series de televisión donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. The Practice, The 10th Kingdom, The West Wing, Joey, House, Arrested Development, Boston Legal, Chuck y Parks and Recreation son algunos de los títulos en los que ha trabajado este multipremiado actor que actualmente aparece en The Librarians, él es lo mejor de este pastiche de magia y aventuras que viene a cubrir el hueco de Warehouse 13. 

Durante tres décadas he seguido la carrera de este estupendo intérprete que siempre ha conseguido convencerme con sus trabajos. Su particular físico, su estupenda voz y su enorme capacidad para el humor le han mantenido en activo. En 2011 hizo su debut en Broadway acompañando a Daniel Radcliffe en la obra How To Succeed in Business Without Really Trying, por este papel ganó el Tony, un premio que a esas alturas de su carrera no esperaba obtener. 

Todo el mundo conoce el trabajo de Larroquette pero cuando hablo de The John Larroquette Show, serie que protagonizó entre 1993 y 1996, pocas son las personas que recuerdan aquella comedia maltratada por la NBC. El actor quería hacer algo diferente al personaje de Dan Fielding y encontró un guión escrito por Don Reo titulado sobre un alcohólico que le gustó. En principio la serie iba a titularse Crossroads pero la cadena insistió, a pesar de la negativa de John, en cambiar el título por The John Larroquette Show porque la fama del actor actuaría como reclamo. No se equivocaban en la NBC, la primera temporada funcionó muy bien. 

La historia se centraba en John Hemingway (Larroquette) un alcohólico en rehabilitación que empieza a trabajar como gerente de noche de la estación de autobús de San Louis. John debe lidiar con los problemas del lugar, los empleados y habituales de la estación mientras intenta mantenerse sobrio siguiendo el programa de Alcohólicos Anónimos. La serie comienza con John en una reunión admitiendo que lleva sobrio 36 horas y que ha conseguido un nuevo empleo. Un empleo que realmente necesita y para el que debe mantenerse sobrio. Es su última oportunidad, su último lanzamiento antes de acabar en la calle por eso, a lo largo de la serie, se filtra la desesperación de un hombre que sabe que está a un chupito de whisky de acabar en la calle. En el piloto también aparecen el racismo, la prostitución, el suicidio y varios temas delicados, de los que las series de televisión se alejaban pero que The John Larroquette Show  abrazó para diferenciarse del resto. 
El reparto era muy diverso, una rareza dentro de la realidad televisiva del momento: había una mujer latina y dos afroamericanos con peso en la historia. El humor de la serie era bastante negro y arriesgado, por desgracia la cadena presionó para que el tono se relajase y resultase menos lúgubre. Eso firmó la sentencia de muerte del show. En su segunda temporada el cambio era tan evidente que parecía un nuevo producto y aunque consiguió llegar a los 97 capítulos, la cadena la canceló sin miramientos a mediados de su cuarta temporada. 

The John Larroquette Show era una avanzada para su época y su cadena no supo verlo. Algo similar le pasó a Sports Night con la ABC o más recientemente a The Comeback en la HBO. 

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El sombrero rojo

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De un tiempo a esta parte, las series de televisión han perdido el miedo a las mujeres fuertes, seguras de sí mismas, poderosas e inteligentes. Mujeres que sin perder ni un ápice de su sensualidad, sensibilidad y orgullo pueden poner a el mundo a sus pies. Hablo de personajes como Alicia Florrick (The Good Wife), Stella Gibson (The Fall), Clarke Griffin (The100) o Olivia Dunham (Fringe). A estes, y otros nombres, podemos sumar ya el de Peggy Carter (Hayley Atwell) protagonista absoluta de Agent Carter, el televisivo spin-off de Capitán América. La cadena ABC está emitiendo la primera temporada de esta nueva serie del universo Marvel durante el parón de Marvel´s Agents of S.H.I.E.L.D. Mientras Coulson, May, Ward y Skye descansan; Peggy Carter recoge el testigo ampliando así la estrategia de Marvel Entertainment para dominar la gran y la pequeña pantalla. Lo cierto es que estamos ante una miniserie de ocho capítulos que si consigue unas audiencias decentes podría lograr la segunda temporada. 

La serie, ambientada en el Nueva York de 1946, sigue los pasos de la agente Carter tras la guerra y la pérdida de su gran amor, Steve Rogers. A pesar de su valía, la agente británica se ve relegada a trabajos de oficinista en su puesto dentro de la Reserva Científica Estratégica. Un mundo de hombres que ni pueden ni quieren lidiar con una mujer tan decidida, inteligente, perseverante y válida como Carter. Los dos capítulos emitidos hasta el momento dejan claro que no era fácil ser respetada y valorada en aquella época y ese retrato de la sociedad machista en la que tiene que vivir Peggy es uno de los mayores atractivos de la serie. Su situación me recuerda mucho a la que sufren las protagonistas de The Bletchley Circle, mujeres que demostraron su valía durante la guerra, que disfrutaron de libertad de movimiento e independencia durante aquellos años, que ayudaron de manera efectiva en la contienda y que después de la misma fueron relegadas al hogar, a servir mesas y a lucir palmito. Su aportación, sus habilidades, su inteligencia, su fuerza... todo eso se borró de la memoria colectiva. Carter vive una situación muy similar porque en su oficina la consideran poco más que la churri del capi. 

Agent Carter está hecha con mimo, con atención al detalle, con coherencia. Los personajes respiran, sienten, vibran de pura fuerza. Hayley Atwell resuelve con sencillez su papel, se apropia de la pantalla y de los diálogos, es magnética y atrevida, es serena y sentimental, es pura fortaleza y emoción. Vamos, que la actriz lo borda y consigue llevar sobre sus hombros el peso de la serie componiendo una protagonista de armas tomar con un poso de tristeza en la mirada. Entre los secundarios, cabe destacar la presencia de un James D'Arcy en estado de gracia poniéndose en la piel de Jarvis, el hombre para todo de Howard Stark. Estos dos británicos perdidos en la gran manzana desarrollan pronto una dinámica divertida e intensa que promete deparar grandes momentos. Incluso un actor tan plano como Enver Gjokaj consigue despertar mis simpatía como Daniel Sousa, el único compañero de trabajo de Carter que la trata como una igual. 

Los dos primeros capítulos de la serie marcan el tono a seguir: acción, peleas, guiños a los fans de Marvel, recuerdos del Capitán América y un serial de radio que poco o nada tiene que ver con la realidad. Peggy es una heroína por derecho propio. Ella no tiene superpoderes ni ningún suero que la convierta en un supersoldado, no necesita un antifaz ni un escudo para luchar. Ella sola se basta y se sobra para enfrentarse a lo que le echen. Lo triste es que nadie, salvo Jarvis y Stark, sabe de su valor, de su sacrificio, y ese secreto es algo que puede acabar destrozándola por dentro. 

Agent Carter empieza con mejor pie que la serie de Coulson porque desde el primer momento cuenta con una protagonista con carisma y con una hoja de ruta bien dibujada que parece tener muy claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. Demos gracias a los responsables de la serie por optar por la concisión antes que por el mero espectáculo. Agent Carter es una serie que promete, que divierte y que entretiene; una buena manera de iniciar el 2015. Sigan el sombrero rojo, no tiene pérdida. 

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Las 10 mejores nuevas series de 2014 en Rúas Magazine

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La cosecha televisiva de este año nos ha dejado agradables sorpresas. Entre la gran oferta desplegada por las diferentes cadenas de televisión han surgido unas cuantas series que merecen ser consideradas como las mejores del año. En esta lista se recogen los títulos de las diez mejores series estrenadas en 2014, no aparecen series que lleven más de una temporada en antena ni títulos estrenados en 2013.


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